Un viento helado atravesaba Medowlands, soplaba inmisericorde sobre el río Hudson y hacía tiritar Manhattan. Parecía que la madre naturaleza se tomaba en serio el lema de la NFL para el inminente Super Bowl: mejor si se sirve frío.
Una semana antes del partido decisivo en que los Broncos y los Seahawks se citan en la helada Gran Manzana, ayer hubo un respiro momentáneo. Las temperaturas “subieron” a unos cinco grados centígrados bajo cero (23 F).
¿Templado? Nada que ver, pero todo es relativo.
“Absolutamente”, afirmó el linebacker de Denver Wesley Woodyard. “Hemos estado hablando al respecto, es algo clave para todos. Disfrutar el momento en Nueva York, estar allí, gozar del Super Bowl; pero estaremos allí por un motivo, que es ganar un partido de fútbol americano. Creo que todos lo entienden”.