Muchos no quedaron complacidos con la presentación de "Pelenchín" Caballero en San Juan de los Morros.
No porque el campeón no tuviese la capacidad de vencer por nocaut a Parra, sino porque no actuó como un gran campeón, cuando pudo serlo.
"Llegué, vi, vencí" era el lema de aquellos romanos que conquistaron imperios. Caballero llegó, golpeó, castigó... pero hizo algo poco perdonable: jugó, se burló y le permitió a su rival lucir más inmenso de lo que era.
En el asalto 11, pocos veían cómo Parra podía ganar, pero sí aplaudían a este pequeño "Guerrero de Mañique" que sin pegada alguna, pero con fuerza interna y velocidad, intentó superar a un campeón que se dedicó a jugar y jugar por momentos.
Sacó de quicio a su esquina, a su manejador, a los venezolanos, a los panameños... en fin a todos. Es la actitud más extraña que he visto de "Pelenchín".
No puedo aplaudir este tipo de boxeo, si el campeón era superior debió demostrarlo y no dejar con vida en tantos asaltos a Parra.
Pondero el valor de Parra, hizo lo imposible con la mandíbula fracturada desde el cuarto asalto, con el primer "coñazo" (término venezolano de puñete) que con solidez le conectó el campeón.
"Pelenchín" piensa subir a las 126 libras, pero luego de esta pelea la gran mayoría no quedó complacida con Caballero -aunque mostró fuerza en su pegada y salió con éxito de su cuarta defensa- porque un campeón se comporta con la misma maestría y efectividad con buenos y malos rivales.