Panamá fue un huracán en el Premundial Sub-20 de la Concacaf. Por lo menos, hasta el primer tiempo del partido de ayer ante El Salvador.
Los dirigidos por el tico Javier Wanchope se presentaron a la cancha del estadio Cuauhtémoc, en Puebla, México, con una hoja de presentación algo intimidante tras aplastar a Puerto Rico y a Jamaica en la fase de grupos. Fabricó ocho goles y el meta Iván Picart se paseó imbatible.

Para su desgracia, la Rojita no pudo mantener ese paso desafiante y demoledor en la segunda mitad del choque ante los cuscatlecos, que sacaron pecho y echaron mano de la “garra” para acabar con las aspiraciones rojas de asistir por quinta vez al Mundial Sub20.
Tuvo la Rojita suficientes oportunidades para aniquilar al rival en el primer acto, en el que mostró un fútbol avasallante e irreverente que, por ratos, invitó a pensar que pronto El Salvador se pondría de rodillas y aceptaría la derrota como su destino final. No fue así. El conjunto de Wanchope se desdibujó en el complemento y, en 45 minutos, echó por la borda la buena imagen de los encuentros anteriores. Fue una caricatura.
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