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Fuera de apuestas, fuera de lugar

Aunque mundialmente son una rareza, en Panamá los caballos que compiten "fuera de apuestas" son una suerte de exquisitez que so...

Egbert Lewis
Egbert Lewis

Aunque mundialmente son una rareza, en Panamá los caballos que compiten "fuera de apuestas" son una suerte de exquisitez que solo gozamos y sufrimos nosotros. Están tan arraigados en el hipismo panameño que su existencia está regulada en el reglamento de carreras.

En Panamá se ha estilado por décadas marcar a los caballos como "fuera de apuestas" cuando evidencian cierta superioridad sobre su competencia y, en el peor de los casos, cuando tienen un carácter indómito.

Había sido política del alto mando de la empresa Hípica de Panamá S.A. prescindir de los "fueras de apuestas" bajo el concepto de que si un caballo es superior o mañoso, en el Programa Oficial se refleja esa información mediante el retrospecto, por lo que la decisión de jugar o no a un ejemplar con esas condiciones es de libre albedrío.

 

En lo personal combatimos el hecho de que por un tiempo se estuvo permitiendo que corrieran en apuestas caballos evidentemente mañosos, porque eso afectaba a los aficionados y era una trasgresión al reglamento.

Eventualmente se fue corrigiendo el asunto a tal punto que hasta la administración comprendió que le resultaba más rentable excluir de las jugadas a algunos caballos que aparentan ser superiores, así como a los indóciles. Además, no excluir de las apuestas a los incorregibles era ilegal porque se estaba violando un decreto ejecutivo.

Ahora los "fuera de apuestas" han vuelto a estar en boca de todo el mundo debido a la necedad del actual Cuerpo de Comisarios que mantiene su perniciosa costumbre de hacer que algo bueno parezca malo.

 

Sin justificación alguna se han dado a la tarea de sacar de las apuestas a varios ejemplares por el hecho de que vienen de una inactividad relativamente extensa, generalmente superior a los seis meses.

Equivocadamente insisten en esta política sin tomar en cuenta que para que un caballo aparezca en Programa Oficial debe pasar previamente por un examen de fiscalización veterinaria. Además, el reporte de los ejercicios matinales y la información sobre su peso físico son suficientes como para que el apostador haga las valoraciones pertinentes antes de tomar cualquier decisión.

En otras palabras, no tiene asidero legal ni práctico que el Cuerpo de Comisarios disponga alterar el Programa Oficial para, supuestamente, proteger al apostador.

 

Lo peor es que toman estas decisiones sobre la hora, cuando mucha gente ha hecho jugadas por adelantado y con ello producen más perjuicios que beneficios. Perjudican a la gente, desbalancean el Programa Oficial de Carreras y dan al traste con el comportamiento de las apuestas, en una sucesión de hechos que, irremediablemente, van desencadenando en afectaciones para todo el mundo.

Desde siempre ha habido una hora límite para hacerle cambios al Programa Oficial y estos son responsabilidad del secretario de Carreras, siempre y cuando los mismos respondan a errores u omisiones de su despacho.

No estamos diciendo que los comisarios, como máxima autoridad durante los días de carreras, no puedan ser diligentes en su intención de hacer que el juego se dé en igualdad de condiciones para todos los participantes. Lo que nos interesa dejar claro es que no pueden actuar a destiempo ni mucho menos sorprender a la gente con medidas trasnochadas.

 

Si un caballo viene de para, pero presenta ejercicios, buen peso físico y pasa el examen veterinario, debe participar sin prejuicios de ninguna índole y tocará, entonces, que cada persona tome la decisión que le parezca más pertinente, de acuerdo con la información que tiene disponible. Lo demás es demagogia y fomentar un enredo donde no debiera haberlo.


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1036887
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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