Alberto Fujimori parece decidido a ceder a la tentación de postular a un tercer mandato consecutivo en Perú, que lo convertiría en el presidente democráticamente electo con más tiempo en el poder en América Latina.
Fujimori ha dicho que el 27 de diciembre, tras un período de reflexión en Navidad, hará pública su decisión de si irá por una segunda reelección en los comicios de abril del 2000.
Y todo apunta a que en el anuncio más esperado de los últimos dos años en Perú, el mandatario, de 61 años, confirmará su candidatura, pese a que los sectores opositores consideran inconstitucional su postulación.
"Su candidatura es indefectible por deseo y necesidad. Cuando uno más se mantiene en el poder, más gente se mantiene y lo necesita. Es una necesidad para muchos", dijo a Reuters el sociólogo Fernando Tuesta.
"El presidente Fujimori desea postular", agregó Tuesta, quien es además profesor de la privada Universidad de Lima.
Fujimori fue habilitado a postular en 1996 por una ley interpretativa de la Constitución, aprobada por la mayoría oficialista en el Congreso, que no toma en cuenta su primer mandato (1990 y 1995) por haber estado regido por la Carta Magna anterior a la de 1993.
En ese contexto, los oficialistas lanzaron el lunes de esta semana la alianza "Perú 2000", integrada por los cuatro movimientos que apoyan desde 1990 a Fujimori, un profesor universitario hasta entonces ajeno a la política.
El mandatario, que en 1990 venció en las urnas al reconocido escritor Mario Vargas Llosa y en 1995 al ex secretario de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar, es el líder de la agrupación política.
La oposición, conformada por los debilitados partidos tradicionales, ex funcionarios del gobierno que critican la concentración de poderes y los candidatos presidenciales aumentaron sus ataques para evitar la postulación de Fujimori.
Y ya hay al menos dos destacados candidatos presidenciales que tratarán de impedir el tercer mandato de Fujimori, si, como se espera, confirma su postulación.Pero tempranas encuestas de opinión no los favorecen.
Pero serán 12 millones de habilitados para votar que el 9 de abril del 2000 decidirán quien será el hombre que regirá los destinos de los 25 millones de peruanos hasta el 2005.
"En los estándares internacionales de elecciones justas, una reelección de Fujimori le convertiría en el presidente electo democráticamente con más tiempo en el poder este siglo", afirmó el analista estadounidense David Scott Palmer.
CHANCES PARA GANAR
Recientes sondeos muestran que Fujimori cuenta con un confortable 40 por ciento de las intenciones de voto, contra apenas 17 del ex jefe del instituto de seguridad social Luis Castañeda, y 13 por ciento del alcalde de Lima, Alberto Andrade.
En un fenómeno considerado inédito por los expertos, la popularidad de Fujimori llegó a 50 por ciento en diciembre, su nivel más alto en dos años y medio, contrarrestando el normal desgaste que debería registrar su gobierno tras nueve años en el poder y por la profunda crisis económica que vive el país.
"La falta de apelación de la oposición y la habilidad de Fujimori para manipularla le dan ventaja", comentó a Reuters el analista inglés experto en temas peruanos John Crabtree.
"Los candidatos no ofrecen muchas alternativas. Las mismas políticas con diferentes caras. Los peruanos piensan, por qué no quedarse con la cara que conocen cuando las políticas no son diferentes", agregó.
El mandatario peruano sigue recorriendo el país vistiendo a la usanza de cada región, inaugurando escuelas y carreteras, y reafirmando en cada uno de sus discursos que él fue quien sacó a Perú de la espiral inflacionaria y de violencia guerrillera.
También, con su característica sonrisa de medio lado, destaca el alcance de la paz definitiva que consiguió con los vecinos Ecuador y Chile.
Pero para la oposición y una buena parte de la clase media peruana, "ya está bueno de Fujimori".
Y miembros de la oposición han anunciado que si Fujimori decide postularse presentarán una apelación a su candidatura.
Entonces, será el Jurado Nacional de Elecciones, el máximo organismo electoral, el que decidirá si el mandatario puede buscar una segunda reelección.