Nubes oscuras que se concentraron sobre los fairways de Hazeltine y el sonido de una sirena fueron lo único que pudieron detener a Fred Funk en la segunda ronda del Campeonato de la PGA.
Tiger Woods se mantuvo cerca del liderato ayer viernes con la mirada fría de un campeón de ocho de los principales torneos de la PGA, pero fue Funk quien animó a los aficionados al conquistar un birdie tras otro, y fializó con una ventaja de un golpe antes de que las tormentas suspendieran la disputa de la segunda ronda.
Funk tenía siete golpes bajo par y cinco hoyos por disputarse cuando sonó una sirena para suspender la ronda. Acababa de tener el único bogey de la ronda, al fallar un putt de aproximadamente un metro. Sin embargo, esto no es presagio de nada. Funk y otros 40 golfistas deberán regresar el sábado a las 7:30 de hoy sábado para concluir sus rondas
La huelga fue levantada cuando un juez ordenó que comenzase a regir nuevamente el convenio que había caducado.
El comisionado Bud Selig sostiene desde hace tiempo que no se puede mantener el actual estado de cosas y que las mayores no pueden sobrevivir si los peloteros no hacen concesiones.
Sin embargo, ha resultado imposible encontrar la forma de contener la escalada salarial, ya que los clubes más poderosos siguen ofreciendo contratos suculentos y acaparando los grandes talentos, lo que contribuye a aumentar la brecha con los clubes de menos recursos. Esas novenas tienen menos capacidad de generar ingresos por hallarse en mercados más pequeños y además no pueden alinear a las grandes luminarias pues no están en condiciones de pagarles lo que piden.
Los delegados de ambos bandos ni se molestaron en programar un encuentro para el viernes luego de que las dos sesiones del jueves no reportaron progresos.
Hicieron propuestas irrelevantes. "Seguimos esperando que hagan ofertas serias"", comentó el pitcher Tom Glavine luego de esas sesiones.
Los propietarios propusieron inicialmente un impuesto especial del 50% sobre la porción de una nómina que sobrepase los 98 millones de dólares. Luego aumentaron el tope a 100 millones y seguidamente a 102, según representantes de los peloteros.
El sindicato teme que ese impuesto, combinado con medidas tendientes a fomentar una repartición más equitativa de los ingresos generados por el béisbol, forzosamente dará lugar a una caída en los salarios, ya que los clubes grandes no tendrán tanto dinero para sueldos.
Los jugadores finalmente aceptaron el impuesto, pero quieren que sea mucho más bajo y que se fije una cifra detonante mucho más alta.
Propusimos una cifra que afectaría a los Yanquis y tal vez uno o dos clubes más. "Ellos quieren que seis o siete clubes resulten afectados de entrada, y otros seis o siete más adelante. De hecho, lo que quieren es un tope salarial"", se quejó Glavine.