Los legionarios siguen sumándose al preseleccionado panameño que se prepara para el Campeonato Centroamericano y del Caribe (Centrobásket) que se realizará del 4 al 8 de julio en Panamá.
Para hoy se espera el arribo del centro panameño Rubén Garcés, quien se incorporará posiblemente mañana lunes 26 de junio a las prácticas dirigidas por el director técnico, el argentino Guillermo Vecchio.
Garcés, quien juega en el baloncesto profesional de España con el equipo del Pamesa Valencia, será una unidad importante dentro del engranaje del combinado nacional.
Antes de Garcés ya se habían incorporado otras figuras importantes como Jaime Lloreda, Dionisio Gómez, Jamaal Levy, Michael Hicks y Daniel King.
Actualmente se encuentran entrenando, diariamente, más de 10 jugadores en doble sesión con miras a ganarse un puesto dentro del equipo nacional.
Eduardo Cotta, otro panameño que milita en el extranjero, arribará a Panamá el próximo 28 de junio, según confirmó una fuente de la Federación Panameña de Baloncesto (FEPABA).
Por su parte, Danilo Pinnock, está a la espera del "Draft" de la NBA que está programado para este 28 de junio.
Se tiene sistemas de juego para todas las posiciones.
AB: Creo que sí. Y el Gobierno va a encontrar solidaridad y apoyo en la medida en que el Presidente se comprometa públicamente a decir: señores... y a tomar las medidas necesarias. El problema es que la gente ve que detienen a personas, que hay casos en el que sencillamente salen libres por el problema de la Corte. Se trata de poner preso a los de cuello blanco y al hijo de la lavandera también. Yo creo que el Presidente tiene un reto porque nos encontramos en unos días muy importantes para el devenir de nosotros los panameños. Hay que tener la visión de un estadista y empinarse por encima de los compromisos políticos dentro de su partido y de sus copartidarios y levantar la mirada hacia el futuro de este país.
AB: Cuando se suspenden las garantías, el 11 de junio me secuestró la gente de Noriega llegando a la Cámara, un jueves a las once de la mañana. Iba con un amigo Carlos Henríquez y nos interceptaron unos miembros del G-2 y nos llevaron a la policía de Balboa, que estaba donde está ahora el monumento a Arnulfo Arias. Allí tuvimos detenidos, amenazados; no nos golpearon, pero si violaron nuestros derechos, nos desnudaron, nos metieron en la cárcel, nos dijeron que nos iban a matar, que nos iban a hacer muchas cosas, nos cubrieron con unos sacos de henequén. Tuvimos como hasta las dos o tres de la tarde porque hubo llamadas, presiones, como la detención se produjo durante el día. Hubo llamadas nacionales e internacionales para pedir la libertad y la seguridad personal. Porque el problema allí no era que estábamos presos, sino que nos habían detenido sin ninguna orden de detención, gente de Noriega vestidos de civiles, que pudieron secuestrarnos. Estaban frescos los acontecimientos en los que se vio involucrado el Doctor Mauro Zuñiga, al que la llamada F-8 había tratado de secuestrarlo, y lo anteriormente ocurrido con Spadafora. Yo salí al exilio con Gilbert Mallol, José Preto, Edy Vallarino, y con Roberto Brenes. Desde la Nunciatura se pidió el salvoconducto para salir exiliados hacia Venezuela, donde nos recibía el gobierno de Herrera Campins. Salimos un 28 de septiembre, luego de estar dos meses residiendo en la Nunciatura. Teníamos un cargo de levantamiento con armas, que era falso, pero bajo esa excusa iríamos a parar a la cárcel y de ahí cualquier cosa. No podíamos salir y decidimos acogernos al exilio, y de ahí no regresé a Panamá hasta cuando hubo la amnistía de Eric Arturo Delvalle en enero de 1988.
AB: Era una situación complicada. Definitivamente sacar a Noriega y a la Dictadura del poder con pañuelos y protestas, y resistencias y paros empresariales y huelgas, era muy difícil. Tu te das de cuenta que el régimen de Castro tiene 40 años y con todas las presiones económicas no se han caído.
AB: Hubo negociaciones con Noriega para que él saliera al exilio a España. A mí me consta que hubo serias negociaciones en ese sentido.
AB: Quienes iban a darle la garantía de su salida eran los norteamericanos, la Cruzada no podía garantizar nada. Sin embargo estábamos pendientes de que estaba pasando algo. Nosotros no negociamos, pero si sabíamos... inclusive en un momento dado se había firmado un documento del cual fue depositario el propio Monseñor Laboa, información que uno sabe después, y en el cual Noriega había aceptado trasladarse a España y que se iba a ir en un avión mandado por Felipe González.
AB: Dijo Noriega entonces (y eso se lo vas a tener que preguntar a él) que el Estado Mayor y sus socios y colaboradores no lo dejaron salir. Hay una frase que dice que es difícil jubilarse de la Mafia. Ahí no hay jubilaciones. Él era un prisionero del sistema porque sabía muchas cosas, y eso fue lo que creo que se lo impidió. Algún día se sabrá la verdad. Después hasta el último día, yo te puedo dar fe de que el día que Noriega estaba en la Nunciatura y decidió en la mañana entregarse, al medio día de esa fecha, tres de enero, hubo un intento de grupos en Washington de tratar de que todavía él saliera a un exilio en un país mediador. Yo fui testigo de esa información porque la periodista Marlene Fernández, que trabajaba en una de estas cadenas latinas de información y que después fue embajadora de Bolivia en Estados Unidos, me llamó desde la Casa Blanca y me dijo: "aquí hay información de que está pasando esto" y yo llamé a Monseñor Laboa desde Estados Unidos, sin saber que se había decidido la entrega en la mañana, y él me dice esto no puede ser porque hay otros compromisos que se están dando y él aclaró, con el General que estaba a cargo de la fuerza norteamericana, que ese no era el compromiso, que el compromiso de Noriega era entregarse. Algún día escribiremos parte de esa sección, eso pasó en la mañana del día tres de enero de 1990 cuando Noriega se entrega a la fuerza norteamericana. Había grupos que todavía estaban negociando en Washington su salida hacia un país tercero, a pesar de que ya en la mañana se habían dado acuerdos. Noriega nunca supo de esa negociación que se estaba dando y la voluntad de Washington de aceptarla, que era lo peor. Esa es una faceta importantísima que pudo darle vuelta a este asunto.
AB: Hubo algunos contactos con el Coronel Eduardo Herrera. Yo conversé en algún momento con otros militares que habían salido. Con lo de Giroldi nosotros no estábamos en contacto su gente.
AB: Para mí es muy difícil decirlo, porque muchos de estos eventos los seguí desde el exilio porque no tenia todavía permiso de trabajo, cuando ya lo conseguí se produjo entonces la invasión, así es que nosotros estábamos básicamente dedicados, a representar a la oposición en el exilio en diferentes lugares en que nos invitaban. Yo creo que hubo momentos en que sentíamos que eso iba a largo plazo, sabíamos que cada vez se deterioraba más el régimen de Noriega y se estaba deteriorando el país, porque las condiciones del país no mejoraban y cada vez era más caótico y la gente salía espontáneamente a buscar trabajo a Canadá. Yo sentí, cuando las elecciones se dieron, y pasó lo que pasó, y que a pesar de todas las reacciones que hubo no había una reacción inminente; esto fue en mayo de 1989 y vimos que instalaron un régimen de todas maneras, entonces nos dijimos, bueno aquí no hay nada que hacer. Ahí fue en donde yo diría que yo empecé a decir bueno señores esto va por lo largo y empecé a tomar otras acciones particulares para poder hacer vida. Desdichadamente uno tiene que comenzar a cambiar esa inseguridad y ese sentido; el exiliado vive constantemente pensando que va a regresar pronto. Y no tomas ninguna medida porque voy a regresar pronto...
AB: Yo aprendí una cosa en los Estados Unidos; los americanos, a quienes yo respeto, creo en el sistema pero no es perfecto, y es un sistema de intereses. Los intereses de los americanos pueden coincidir en un momento determinado con tus intereses, pero no los mueven las mismas razones. Y las razones que tenían los americanos para tomar una decisión de invadir a Panamá no eran porque la Cruzada se lo pedía, ni porque los panameños que estábamos en el exilio estábamos promoviendo eso. Lo que nosotros les decíamos a los norteamericanos era: Ustedes fueron los que armaron a Noriega, Noriega era agente de la CIA, ustedes crearon al monstruo, engordaron al perro rabioso y los soltaron en el vecindario y ahora a Ustedes les toca recogerlo. Ese era el mensaje que le dábamos.
Vamos a decir que en un momento dado esa acción nos liberó de la Dictadura, así como se invadió Francia durante la Segunda Guerra Mundial y se liberó Francia, los aliados pidieron esa acción para liberar un país y no se pidió para acabar con los franceses. Yo siento que en estas circunstancias Panamá fue liberada de una opresión interna que estuvo armada con el concepto de la defensa del canal. Y siempre se lo dijimos, Ustedes crearon los gobiernos militares para defender el Canal, anteriormente lo habían hecho para defenderse de los grupos comunistas dirigidos por el Ché Guevara, y crearon gobiernos militares en la región, gobiernos militares de derecha, después se cambiaron pero ustedes fueron los que los crearon, esa fue la política de 1960 y 1970. Pueda ser que uno no entienda los detalles de cómo se dio, pero ellos fueron los responsables de Noriega, lo que pasa es que Noriega se les convirtió en el niño malo, en el que se portaba mal y no les hacía caso, pero ellos lo tenían para todo. Y eso fue lo que le dijimos. Aquí se agotaron todas las instancias de negociación para encontrar una salida, pero había demasiados compromisos: la droga, que era uno de los problemas más graves que estaban alrededor de la dictadura, y creo que eso fue lo que los convenció, por un lado, y por el otro se acercaba la fecha de la entrega del Canal y ellos le tenían temor a que Noriega tomara posesión del Canal. Para mí esa era una circunstancia a la que ellos se tenían que adelantar. Bueno que en el camino nos ayudó a los panameños a liberarnos, sí, pero fue porque confluyeron.
AB: Nosotros no somos un grupo formal, somos muchos ciudadanos que pensamos de esta manera, con los temas de los valores, el judicial y el tema de la solidaridad con la responsabilidad social del ciudadano, no solo la empresarial sino la ciudadana, en la cual tienes que ser solidario con este problema porque revierte en mayor pobreza, mayor insatisfacción, mayores niveles de inseguridad en el país, esto nos va a pegar a todo.
AB: Yo siento que ellos hacen anuncio, pero todavía no ha calado en la comunidad que estén decididos a actuar con la voluntad política que esto requiere. El presidente puede tomar acciones más directas puede exigir a su contralor mayor dinamismo. Cuando Chinchorro Carles era Contralor de la República se sentía una Contraloría que ejercía verdadera fiscalización sobre el gasto público. Inclusive limitaba y restringía a los propios ministros y a la presidencia en gastos excesivos; creo que el presidente tiene que dar ejemplos más directos de que él no va a depender de los compromisos políticos para que las cosas en este país se den como se deben dar.
AB: Julio, yo te voy a ser franco. El problema de la corrupción no es exclusivo del PRD, el problema de la corrupción es un problema rampante en los partidos de oposición. El Partido panameñista no pudo ser más corrupto que en la administración de Mireya y fue un grupo de oposición que luchó junto a nosotros contra la dictadura de Noriega. Lo que pasa es que el Gobierno corrompe y cuando es absoluto corrompe de manera absoluta. Y así te lo digo con toda franqueza, en el molirena, en el panameñista en el PRD hay buena gente, pero también hay mucha gente corrupta. Pero cómo hacemos para que el sistema depure, bueno tendremos que colocar todos los escenarios de nuestra parte, para que no prevalezcan esas prácticas políticas del pasado todavía enquistadas. Yo creo en mucha de la gente joven que está dentro de los partidos, hablo con algunos de ellos. El problema del Presiente no es su equipo de gobierno, sino la gente que está alrededor de él que se quiere aprovechar.