Gareth Bale encontró el premio a sus meses de sufrimiento, siendo el gran protagonista del pase del Real Madrid a la final del Mundial de Clubes, con un gol salvador que propició la remontada a nueve minutos del final y sacó a su equipo del esperpento, víctima de graves errores defensivos y de concentración ante un Al Jazira que tuteó al vigente campeón.
La reivindicación de Bale llegó en una nueva reaparición, siendo decisivo en los pocos minutos que puede jugar por sus eternos problemas en el sóleo izquierdo.Resolvió en Copa del Rey ante el Fuenlabrada y repitió en otro partido que iba camino de un ridículo histórico, marcando en el primer balón que tocó.
Apenas su portero, el brasileño Romarinho, que dio un recital, y el punta Ali Mabkhout podrían jugar en el fútbol europeo.
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El guión del partido parecía definido. Las continuas ocasiones madridistas debían darle goles pero ni su peor enemigo pudo escribirlo con más incertidumbre. Siempre con balones en largo sorprendía Al Jazira y Mabkhout perdonaba con su disparo ajustado al palo. Se anulaba un gol a Benzema por falta de Cristiano y a Casemiro por la intervención del VAR. Su remate lo desviaba un defensa a la red, pero el colegiado interpretaba posición ilegal de Benzema.
Entre interrupciones y ocasiones perdonadas llegó el golpe del Al Jazira cuando se acercaba el descanso. El error en cadena de la zaga madridista dejó a Romarinho ante un inestable Varane, al que recortó antes de cruzar su disparo imparable para Keylor Navas. Saltaba la sorpresa ante la incredulidad de todos. Con el susto en el cuerpo, el Real Madrid buscó con fútbol directo la reacción. Hasta el minuto 51 aguantó Ali Khaseif, que podrá presumir toda su vida de su partido y de no encajar un tanto del campeón de Europa y el mundo. La ansiedad madridista crecía y su juego perdía brillantez.Acelerados buscaron a Benzema, que falló todo lo que tuvo, y a Cristiano que a los 53 minutos mandaba un mensaje de tranquilidad con su tanto.
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El pase de Modric encontraba el error en el despeje de Jumaa y el latigazo seco de Cristiano, que lograba otro registro para sus récords personales. A Romarinho le daba igual el marcador. Cada vez que entraba en escena dejaba una acción acertada. Con elegancia se iba de Isco, retratando actitudes que no pasaron desapercibidas para Zidane.
Hasta cuatro ocasiones seguidas perdonó Benzema para desesperación de Cristiano, solo para empujarla a la red en dos de ellas. Entraban Marco Asensio y Lucas Vázquez para poner la puntilla con superioridad física, pero no fue hasta la entrada de Bale cuando el panorama cambió. A los 40 segundos de pisar el césped, en su primer balón remató de zurda a la red liberando todo su sufrimiento. Incluso acarició el doblete, sin la necesidad de forzar en carreras aún sin confianza, con una elegante tijera que sacó abajo el portero. Era la última acción de un partido para el olvido madridista que dejó el pase a la defensa de la corona en la final ante Gremio. VEA TAMBIÉN: Gareth Bale sufre lesión número 19 con el Real Madrid