Cuando Oscar de la Hoya sufrió la segunda derrota de su historial pugilístico, a manos del estadounidense Shane "Sugar" Mosley, hizo un alto en su carrera y, después de algunas rectificaciones, reemprendió el camino con un nuevo equipo y más motivación.
Empero, para Mosley comenzó desde ese momento un rodar cuesta abajo que le ha hecho pasar de estrella de los puños a boxeador del montón.
En los dos años transcurridos desde que en junio del 2001 superó por decisión a De la Hoya, Mosley ha perdido crédito y dinero, algo que precisamente intentará recuperar el próximo sábado, cuando se enfrente al "Golden Boy" en Las Vegas, Estado de Nevada.
De la Hoya pondrá en juego sus coronas de campeón superwelter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). "Sugar" Mosley se encuentra en el mismo punto al que llegó De la Hoya después de sufrir dos reveses seguidos -los únicos de su carrera-, primero ante el puertorriqueño Félix "Tito" Trinidad y después ante Mosley.
Mosley está peleando ahora por su reputación. Las dos derrotas ante su compatriota Vernon Forrest en el 2002 le han bajado el cartel, y por eso debe contentarse con una bolsa de apenas 4,5 millones de dólares, mientras el mexicano-estadounidense recibirá alrededor de 23 millones. "No se trata de un asunto de dinero, se trata del respeto que merezco como boxeador", dijo Mosley acerca de su próxima pelea.
"Si yo cobro sólo cuatro millones y él se lleva más de 20 millones, eso está muy mal, pero acepto el reto sólo por los fanáticos, para demostrarles que "Sugar" Shane está por encima de todo eso", indicó el púgil oriundo de Los Angeles, California.
Según expresó Mosley, "yo mismo tuve que justificarme cómo aceptar esta pelea en esas condiciones, y lo hice porque quiero que los aficionados y la prensa me vuelvan a calificar como el "mejor libra a libra" del boxeo". Sólo que De la Hoya también tiene sus motivaciones particulares para esta revancha.
Más allá de la bolsa que recibirá -por algo le llaman el Golden Boy-, De la Hoya tratará de limpiar la única derrota contundente de su carrera, y allanar el camino para un pleito megamillonario contra el estadounidense Bernard Hopkins, campeón absoluto de los pesos medianos y el hombre que mandó al retiro al boricua Trinidad.
"Si Mosley me gana otra vez, entonces será el momento de decir adiós al boxeo", reiteró De la Hoya en una de sus varias ruedas de prensa promocionales para esta pelea. Mosley ha dicho que sus derrotas contra Forrest se han debido más a lo contrapuesto de sus respectivos estilos que a la diferencia de peso.
"Esas derrotas me convencieron de que debía seguir en mi viejo estilo de pelea, con el que derroté a Oscar, en vez de tratar de convertirme en noqueador", subrayó Mosley. Para De la Hoya, la reconsideración estilística de Mosley le tiene sin cuidado.
"Mi estilo es diferente al de Vernon, pero conociendo a Mosley tan bién como lo conozco, sé que aún tiene mucho fuego por dentro", indicó el "Niño de Oro", quien manifestó estar "plenamente recuperado de la lesión en mi mano izquierda".
De la Hoya se operó de esa misma mano hace casi dos años, y recien se la lastimó el mes pasado, durante una sesión de entrenamiento en las montañas californianas de Big Bear. "No puedo ocultar lo de la mano. Es como un pellizco que no se me quita, pero me siento muy motivado para esta pelea", manifestó De la Hoya.
"Le ganaré espectacularmente. Mi velocidad será mi gran ventaja, además de mi gran corazón. Cuento con las herramientas para derrotarlo. Mi cuerpo se ha vuelto más fuerte en los últimos tiempos", señaló el ex campeón de los ligeros y de los welters.