El Chelsea, liderado por el marfileño Didier Drogba, dio un golpe de autoridad en el Estadio Emirates, donde derrotó al Arsenal (0-3), para asentar su dominio en la Liga de Inglaterra, que ostenta con una renta de cinco puntos respecto al Manchester United, vigente campeón.
La solidez defensiva y su estructura como bloque dejaron en evidencia el desparpajo y la imaginación del cuadro de Arsene Wenger, incapaz de encontrar salida alguna a la resistencia de su adversario.
La estrategia del Chelsea está muy definida. Sin grandes aspavientos en su juego, apenas concede opciones a sus rivales. También el Arsenal cayó en ello, a pesar del dominio que dio la sensación de tener durante gran parte del enfrentamiento.
Pero dos mazazos en el tramo final de la primera mitad terminaron por suponer la sentencia. El primero a cuatro del intermedio, en una acción de Ashley Cole que remató el marfileño Didier Drogba a la escuadra izquierda de Manuel Almunia.
Acto seguido y con el cuadro local en plena desorientación, el cuadro de Wenger fue víctima del infortunio, cuando el belga Thomas Vermaelen envió a su propia meta un mal despeje.