Deportes

Golpes desde el primer asalto


SON LAS 4 de la mañana. No puedo dormir en paz y la verdad, creo que en el Hotel Evergreen, no soy el único. Muchos de los boxeadores de la velada del Palais Omnisport son también huéspedes de este hotel, incluyendo a los panameños Luis "El Leñador" Pineda y Roberto "La Araña" Vásquez.
"La Araña" está más tranquilo con la vuelta de su entrenador Pedro "Pellín" Ávila.
Pese a que tiene un combate pendiente, su serenidad es mayor que la mía.
Mi primer día en París será inolvidable. Nunca imaginé tener tantos problemas juntos en las primeras horas de cobertura.
París es realmente una hermosa ciudad jardín que no se describe con palabras. Sin embargo, descubrí que lo que en América Latina es normal, en Europa no. Desde los enchufes redondos, en vez de los rectangulares planos que usamos, hasta el estilo de las conferencias de prensa sobre boxeo.
Ubicado en una de las butacas de la sala de cine que está dentro de Planet Hollywood, en los Campos Eliseos, me tocó observar la presentación de la velada. Para ser franco, varias veces me quería dormir. La presentación es más tipo película donde te venden emociones y hasta héroes. Nada parecido al caluroso "rofeo" de nuestras presentaciones.
Al salir de la conferencia me tomé un minuto para mirar a mi alrededor, encontrándome con el Arco del Triunfo. Entonces recordé que estaba en París y no en Panamá.
En la presentación no se resaltaron las peleas interinas de Pineda y Vásquez.
Lo que no podía olvidar eran los problemas que tuve que pasar en mi travesía para llegar a aquella hermosa ciudad.
Mi primer golpe lo tomé en mi propio país, cuando ni siquiera había pasado la primera revisión y estaba en la fila para registrar mi equipaje. Un policía destacado en el Aeropuerto de Tocumen me pidió mi pasaporte y me disparó preguntas como: ¿Para dónde va? ¿Dónde trabaja? ¿Motivos del viaje?. Le respondí con serenidad y asombro, pero él no quería devolverme el pasaporte.
Sólo al conocer que viajaba con el director del Instituto Nacional de Deportes, Ramón Cardoze, decidió entregarme el documento.
Me extrañó un poco todo esto.
Por si fuera poco, cuando llegué a Caracas encontré dos retenes, en el primero se me exigió un carné de prensa para probar que era periodista; en el segundo, dudaron de la legitimidad de mi documento y se me acusó de ser ciudadano colombiano. Después de un par de preguntas, me dejaron subir al vuelo de Air France.
Pensé que todo acababa ahí, lo que también esperaban mis compañeros de viaje: Cardoze y el periodista Gustavo Ampudia.
En medio de 3 grados centígrados llegamos a París, y para completar la jornada, me retuvieron en la primera revisión.
Aquí fue más curioso. Un seguridad del aeropuerto me pidió el pasaporte, pero no lo miró; lo guardó en su bolsillo y me hizo esperar.
Fui el último, entre los que corrieron igual suerte, en ser atendido. Las preguntas no paraban, y por el rigor, ya me veía de vuelta a casa o hasta preso. Mi pasaporte fue revisado más que con lupa y, aunque todo estaba en orden, no me dejaban ir.
Luego de una larga espera pude continuar al último retén del viaje pero.. más preguntas, revisión minuciosa de equipaje. Al final me salvó el hecho de que mi cámara fotográfica era del mismo modelo que la del policía, quien en español me dijo: "Tengo una cámara igual. Puede usted pasar. ¡Bienvenido Francia!".
Para qué contarles sobre mi llegada al hotel y los problemas con el internet. Fue, en buen panameño, un día sala´o.
Le doy un consejo: si usted tiene facciones parecidas a la de los árabes y se llama Omar Yasser, como yo, le recomiendo no hacer muchos viajes.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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