Kelli White, Kevin Toth, Regina Jacobs, Joh McEwen, Calvin Harrison, Jerome Young, C.J. Hunter, Marion Jones, Charlie Francis... el goteo incesante de positivos, sospechas, denuncias anónimas y escándalos pasados, latentes y futuros han socavado el prestigio de la primera potencia mundial del atletismo.
Estados Unidos, que a lo largo de la historia olímpica ha conquistado 2.089 medallas, entre ellas 320 de oro, y en Mundiales lleva 131 metales (64 de oro), se ha situado en el centro de una controversia que no respeta ya ni a las "vacas sagradas" del estadio, como Carl Lewis.
El cuatrocentista Calvin Harrison es el último nombre incorporado a la lista de atletas relacionados de alguna forma con prácticas de dopaje, aun cuando en su caso haya sido víctima indirecta de la campaña desatada para detectar consumidores de tetrahidrogestrinona (THG), el esteroide de moda.
A raíz de la denuncia anónima de un entrenador, las muestras de orina tomadas en junio durante los campeonatos de Estados Unidos en Stanford fueron conservadas por recomendación de la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA), en lugar de ser destruidas un mes después de ser analizadas, a fin de buscar en ellas THG.
Según cronistas deportivos que dieron cobertura al Mundial, debido al comportamiento escandaloso de los jugadores, relacionados con problemas de alcohol y sexo, el conjunto nacional estuvo al borde de ser expulsado por las autoridades cubanas.
El comportamiento de los jugadores habría incidido en los resultados del partido clave contra Panamá, para las aspiraciones nicaragüuenses de obtener medalla en el campeonato mundial, según la prensa deportiva.
El equipo local perdió ante Panamá y terminó sexto en la competencia mundial de béisbol.