Los melodiosos acordes de La Borinqueña empezaron a sonar por los altoparlantes y Mónica Puig no pudo contener el llanto. Vestida de buzo deportivo y con la medalla de oro al cuello, la tenista se llevó una mano a la boca, mientras las lágrimas bajaban por sus bronceadas mejillas.
La emoción no era para menos. El himno de Puerto Rico jamás había sonado en unos Juegos Olímpicos.
Puig, 34ta del ranking mundial y con apenas un título profesional en su carrera, conquistó el sábado la primera medalla olímpica de oro en la historia de Puerto Rico al derrotar por 6-4, 4-6, 6-1 a la alemana Angelique Kerber en la final del tenis de mujeres de Río de Janeiro.
Se convirtió, además, en la primera mujer que gana un metal, de cualquier color, por Puerto Rico, cuya cosecha se limitaba a dos platas y seis bronces.
"Tengo el fuego boricua dentro de mí", resumió Puig, la tenista de menor ranking que gana un título olímpico.
Se trata, sin duda, de uno los logros más importantes en la historia deportiva de una isla que atraviesa una difícil situación económica y social. Buenas e inesperadas noticias cortesía de una chica de 22 años que al principio de la temporada ni siquiera tenía el ranking suficiente para ser invitada a Río.
"Mi vida va a cambiar a partir de ahora", aventuró la oriunda de San Juan, cuyo mejor resultado en un Gran Slam fue la cuarta ronda de Wimbledon en 2013. "Sé que será para mejor".