Las heridas aún están abiertas. Aunque de ellas no brota sangre, el dolor de recordar ese trágico momento donde por poco se le apaga la vida a Yelena Rodríguez, por una irresponsabilidad de un conductor, siguen vivas.
Rodríguez es una triatleta panameña que el año pasado sufrió un accidente mientras se entrenaba para una competencia internacional. Las imágenes del momento del accidente fueron impactantes, a tal punto que muchos pensaron que esta atleta no regresaría a estar entre nosotros.

Pero la vida le ha dado un nuevo chance. La perseverancia y las buenas condiciones físicas de esta destacada atleta de 38 años de edad le ayudaron a vencer los obstáculos y, por qué no, a la misma muerte.
10 Deportivo se trasladó a la piscina de Albrook -donde Rodríguez entrena con el grupo los tritones- para conocer de propia boca de la atleta, cómo fueron esos momentos dolorosos de su vida.

La cita era a las tres de la tarde, ni un minuto más, ni un minuto menos, porque su compromiso con los atletas es algo serio. Las tres en punto marcaban las manecillas del reloj de la piscina, tres minutos menos que mi reloj de pulso. Ya en la puerta del recinto deportivo, una chica de baja estatura, cabello negro, ropa deportiva y cuerpo atlético nos atendió: “Buenas, yo soy Yelena Rodríguez”.
Para la entrevista, unas graderías, algo húmedas por la lluvia, fueron el lugar preciso para darle vuelta hacia atrás al tiempo y conocer más sobre el calvario de una atleta que intenta borrar esos momentos negros, regalando sus conocimientos.

¿Cómo era Yelena Rodríguez antes del accidente?
Antes del accidente completamente consagrada a lo que era el triatlón.
Despertarme bien temprano, como trabajo de maestra de Educación Física en Alcalde Díaz, tenía que estar un cuarto para las cinco pedaleando o corriendo en las mañanas para estar diez para las siete en el colegio donde trabajo.
¿Qué cambió luego del accidente?
Me cuesta mucho algunas cosas.
Algo sí es seguro, no quiero saber más de montar una bicicleta en la calle. Para mí es difícil ese tema de ir a la calle y montar bicicleta. Volver a tomar el ritmo de hacer ejercicios me ha tomado un montón, ha sido bien difícil, la verdad. Aunque he tratado de proponérmelo de seguir adelante, llego a sentir que los niveles no son los mismos. El amor por el deporte está, y es por eso que me he dedicado a entrenar.
¿No veremos a Yelena Rodríguez nuevamente compitiendo en el triatlón?
En realidad no.
Es que no siento la confianza de estar nuevamente en la calle desenvolviéndome como antes. En el triatlón son muchas horas que uno tiene que pasar en la calle. En ese tiempo estaba entrenando para un “half ironman”, eran de cuatro a cinco horas en la calle, no siento la confianza. Imagínate los niveles de seguridad que se mantenían en esos tiempos y mira lo que me sucedió... qué puedo esperar ahora”.
¿Cómo fue el día del accidente?
Del mismo accidente.
.. Gracias a Dios no me acuerdo, porque en el estado que me decían que estaba no lo hubiese podido aguantar, por eso le doy gracias a Dios de no haber tenido conciencia en ese momento. Lo que recuerdo es que estaba a ocho días de una competencia en Puerto Rico y me había levantado temprano para hacer una de las últimas prácticas de distancias largas que teníamos. Estaba ya terminando la última vuelta del ciclismo y saliendo del Causeway, yendo hacia el Figali para buscar el carro, solo recuerdo estar viendo la línea blanca de la calle y de allí despertarme unas cinco horas después en el hospital, sin saber lo que había pasado y cuál era mi estado.
¿Qué fue lo que más le costó?
En el estado que quedé me costaba hasta dormir, con las costillas fracturadas, dormir era una pesadilla.
Para caminar, me costó casi un mes, caminaba cinco o diez metros y había veces que llegaba a desmayarme. La razón de los desmayos era que sufrí una fractura del maxilar inferior. Solo comía cosas líquidas y mi cuerpo estaba débil.
¿Qué cree usted que la salvó de no perder la vida?
En realidad fue mi preparación.
Al principio pensé que nunca iba a volver a caminar. Todo fue gracias al entrenamiento que tenía, es más, los médicos me dijeron que mi forma física me ayudó mucho. Resulta que me estaba entrenando para un “half ironman”, pero al final me estaba entrenando para mi recuperación.
¿Cómo fue el apoyo de su familia y amigos?
No tengo quejas.
Mi mamá y mi suegra pasaron casi dos meses viviendo conmigo, ayudándome en todo, ya que no podía hacer nada. Mi jefe y mis compañeros siempre me brindaron el apoyo, porque en ese momento acababa de iniciar el año lectivo y me apoyaron mucho. La verdad es que sin mi familia y mis amigos del triatlón no hubiera sido tan rápida la recuperación.
¿Cree usted que se ha creado conciencia de parte de los conductores, luego de este accidente?
No.
Aún no se llega a tener esa cultura. Todavía tenemos la dificultad con los carros que quieren estar pasando al lado de uno bien cerca, inclusive hace poco me contaban unas compañeras que las golpearon, iban un par de muchachas que se veía que estaban tomadas y las golpearon. No se tiene esa conciencia de cuando ven un grupo de ciclistas bajar la velocidad, mantener la distancia, esperar un momento, no hay esa cultura. Siempre hay uno que otros que no les importa. Luego de mi accidente tengo entendido que han pasado otros accidentes que se han quedado en el aire.
¿Ha visto nuevamente la persona que la atropelló?
Bueno, he estado cerca de él y no le guardo rencor, la verdad me ha enseñado que no hay tiempo para eso.
Él me ayudó mucho a tener mucha fe en Dios y a saber que la vida es tan corta y que se va tan rápido y que ni cuenta te das cuando se te ha ido.
¿Han conversado con las autoridades de Tránsito sobre el asunto?
Hemos tenido cierto apoyo de las autoridades, pero sabemos que no pueden estar cubriendo todas las áreas, sobre todo los domingos, cuando es que hacemos la mayoría de los trabajos de fondo.