Contento y agradecido con Dios por haber conseguido la victoria para Panamá, se encontraba el lanzador panameño Alberto Acosta, quien fue el serpentinero abridor en el partido que la selección nacional jugó el pasado martes ante Puerto Rico y que ganó por 4 carreras a 2.
Para el serpentinero, oriundo de la provincia de Colón, ese triunfo tuvo un significado especial porque, para él, representó el inicio de una nueva etapa como persona y jugador.
“Gracias a Dios y al pueblo panameño por no recordar lo que pasó”, dijo Acosta en referencia a la situación que por poco le priva de vestir la camiseta de la selección panameña. “Le demostré a la fanaticada y a mi familia que un error lo comete cualquiera”, agregó.
Los consejos de su hermano, el grandes ligas Manuel Acosta, y de los integrantes del cuerpo técnico del equipo nacional fueron de gran ayuda para que el tirador colonense fuese concentrado a hacer su trabajo ante los puertorriqueños, dejando atrás la suspensión que estuvo a punto de alejarlo del béisbol por un año.
“Esta fue una victoria especial. Mi familia estaba en el estadio y siempre le presté la atención al ‘mánager’ que me decía que no le hiciera caso a las decisiones de los árbitros”, expresó. “Además, esta fue mi primera victoria en un Mundial y, más aún, la logré en mi país y eso me hace muy feliz”.
Una fuerte discusión con el árbitro boricua Robert Curet, en el tercer juego de la serie final del último torneo nacional mayor entre Bocas del Toro y Los Santos, motivó que se suspendiera a Acosta por un año. Dicha suspensión fue levantada posteriormente y luego se le convocó al equipo nacional.