El mercado de fichajes ya tiene casi un mes de estar en movimiento y, con tal de cumplir los caprichos de los entrenadores, los clubes están desempolvando las robustas chequeras.
Y si de caprichos hablamos, Cesc Fábregas se ha convertido en la obsesión del técnico del Barcelona, Pep Guardiola, a quien según informó ayer el rotativo inglés “The Mirror” “se le acabó la paciencia” y le dio un ultimátum a Sandro Rosell, presidente de la entidad azulgrana, para que desembolse esta semana los 56 millones de dólares que exige el Arsenal por el traspaso de su capitán y jugador franquicia.
A todo esto, la política económica del equipo catalán se ha caracterizado por ser precavida y por darle mayor relevancia a la cantera, además de que viene de llevarse un chasco con Dmytro Chygrynskiy, jugador que compró en el 2009, por expresa petición de Guardiola, al Shaktar Donetsk por $35 millones y tuvo que venderlo poco menos de un año después por $21 millones, ya que el ucraniano no se pudo adaptar al sistema de juego.
Por el momento, el Barça tiene en el banco $63 millones para reforzar la plantilla más las posibles ventas de Bojan ($14 millones), Maxwell ($8 millones) y Jeffren ($5 millones), lo que le daría un presupuesto total de $90 millones.
De esta cantidad, más de la mitad se iría en Fábregas y el resto en el chileno Alexis Sánchez del Udinese, quien también le está haciendo ojitos al preparador. Ahora le tocará a Sandro Rosell y a su junta directiva decidir cuán rentable será abrir la caja registradora.