Cuando el funcionario aclaró, ante la pregunta de una reportera radial, que “hay políticos implicados en actos de corrupción, pero también habemos otros que cumplimos nuestro trabajo honradamente”, sentí satisfacción, pero a la vez (deformación profesional le dicen a este tipo de encontronazos) quise poder comunicarme con el señor político honrado para decirle que estaba usando mal el verbo haber.
Sí, está bien, no lo discuto: es mejor que sea honrado y use mal el término, a que lo use bien y se lleve para su casa lo que es de todos; pero ya que ha dado un gran paso adelante, bueno es que lo ayudemos a caer en suelo firme, es decir, sin meter el pie en los baches de la incorrección idiomática, porque las figuras públicas siempre tienen un efecto modelador ante los que figuran como público.
Y digo esto, permítanme la digresión que no es buena pero entretiene, porque basta con que al director de un equipo deportivo se le ocurra decir: “esperamos sacar el resultado”, para que los once jugadores (en el caso de que se trate de futbolistas, y a estos súmeles los de la banca) de inmediato abandonen la tradicional expresión: “Esperamos ganar el partido”, y comiencen a repetir como loros lo que dijo su DT, y esto a la vez se multiplica en boca de los fanáticos, que ahora dirán que hay que apoyar a su equipo para “que saque el resultado”.
Sobre el verbo haber, y de esto se habla a diario, aunque igual se sigue dando el mal uso, debemos evitar reemplazar “somos” o “estamos” por “habemos”. ¿Que por qué? Porque en este caso ese verbo es impersonal, o dicho de otra manera, solo debe emplearse en tercera persona del singular. Explico: en lugar de decir: “habemos otros que cumplimos nuestro trabajo honradamente”, el señor buen político hubiese usado mejor la forma: “también estamos otros que cumplimos…”, o, de manera mucho más sencilla: “pero otros sí cumplimos nuestro trabajo honradamente”. Lo que sea, pero “habemos”, nunca.
Y a propósito de nunca, acaban de preguntarme si es correcto o no decir: “No como nunca tan temprano”, dado que implica una doble negación que suena redundante, por lo que “No como tan temprano” bastaría para enunciar la idea completa.
Lo que dice la norma gramatical es que “los adverbios ‘nunca, jamás, tampoco’ los indefinidos ‘nadie, nada, ninguno’, al igual que los grupos en que aparece la palabra ‘ni’, aparecen siempre en oraciones de sentido negativo”, y en español se permite combinar el adverbio ‘no’ con otros elementos que también sugieren tal sentido negativo.
Para mayor explicación, se dice que esos elementos van delante del verbo, no es necesario el uso del adverbio de negación “no”; volviendo al caso anterior, se diría: “Nunca como tan temprano”; pero como no es esa la forma que empleamos primero, sino que usé “nunca” después del verbo “comer”; en ese caso la concurrencia de ambas negaciones surte el efecto de reforzar el sentido negativo de lo que decimos: “No veré nunca la tierra prometida”; “No tendré nunca el placer de sus besos”.
Bien, apreciados lectores de esta columna, como he planteado en otras ocasiones, en la vasta red de palabras nunca debemos olvidar que jamás se sabe todo.
Que la palabra te acompañe.