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Hacia un debate sobre la fusión INAC-IPAT

Todo parece indicar que quienes han concebido este híbrido contra-natura conciben la Cultura como alegre mezcla de frívolos paseos por monumentos históricos, museos, y shows folklóricos prefabricados para gratificación de turistas extranjeros de paso por el país...


La propuesta, que apenas empieza a esbozarse, en torno a la intención del Presidente Ricardo Martinelli de fusionar el Instituto Nacional de Cultura con la Autoridad Nacional de Turismo es sumamente alarmante, por decir lo menos. Lo es, no sólo para quienes ejercitamos cotidianamente alguna de las múltiples manifestaciones de la cultura como una actividad vital y, por tanto, irrenunciable; y para los gestores y promotores culturales que dedican gran parte de su tiempo y energía a fortalecerlas y divulgarlas; sino sobre todo para el desarrollo cabal de la Cultura nacional misma, y por tanto para la sociedad toda.

En primer lugar, es una medida inconsulta, ya que quienes en Panamá realmente ejercen de una u otra manera la planificación conceptual y la actividad cultural en sí, ya sea mediante una formación profesional o de forma empírica pero con talento, no han tenido la oportunidad de opinar sobre el tema. ¿Dónde están los foros convocados para discutir los pros y contras de la propuesta por el gobierno entrante? Lamentablemente, todos sabemos lo irrelevante que ha sido siempre la Cultura para nuestros políticos. Apenas se va a celebrar el primero de esos foros, pero convocado, no por el nuevo gobierno, sino por la Asociación de Escritores de Panamá y la Fundación El Hacedor, el 9 de julio, a las 10:00 a.m., en la Biblioteca Nacional, precisamente a raíz del sorpresivo anuncio en cuestión, hecho como al azar y sin la más mínima profundización, en un reciente programa televisivo. Muy mal empezamos si se crean medidas que rompen con lo poco bueno establecido, y además se imponen sin discusión alguna con decisiones apresuradas.

Todo parece indicar que quienes han concebido este híbrido contra-natura conciben la Cultura como alegre mezcla de frívolos paseos por monumentos históricos, museos, y shows folklóricos prefabricados para gratificación de turistas extranjeros de paso por el país, sin duda dispuestos a pagar un poco más por los nuevos ingredientes de una conveniente y convenida receta. Es decir, la Cultura como añadido, como cosa extra, como suma de espectáculos lightpensados para consumo. Simple entretenimiento pues, de alguna manera equivalente a comida chatarra.

 

¡Qué mentalidad tan simplista y mercantil, en el peor sentido del término, el que se nos viene encima! Hombre, ni siquiera hemos sido capaces de poner en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, como ocurre en cualquier país que se respete, una pequeña librería estatal o privada que destaque a nuestros autores nacionales. Aparte de que la mayor parte de los países del mundo, algunos mucho más pobres que el nuestro, tienen en su haber, y preservan con esfuerzo y esmero, sus respectivos Ministerios de Cultura.

Vista en su conjunto, la Cultura es la fibra raizal que moldea la nacionalidad y la nutre; el entramado que armoniza identidades y costumbres; el aglutinante espiritual que, con sus mil variantes, perfila formas de ser y de crear. Todo lo que el ser humano ha sido, es y será se amasa con el dulce barro de la cultura, con sus savias ancestrales. El conglomerado todo de nuestros talentosos artistas –pintores, escultores, teatristas, músicos, escritores, bailarines, cantantes, etc., junto con los especialistas que esforzadamente estudian sus obras o las promueven, requiere de atención propia a fin de profundizar –también para ellos— una auténtica “red de oportunidades”. Lo ideal sería entonces que, a través de un auténtico Ministerio de Cultura cuidadosamente planificado por los más capaces, tuvieran voz y voto estas personas en los Consejos de Gabinete: mayor presupuesto, nuevas maneras de ejercer su trabajo con dignidad y talento, sin parecer siempre mendigos o cenicientas postergadas por la cruel o indiferente madrastra.

La actividad turística, que sin duda también es muy importante para el país, una vez planeada y desatada poco tiene que ver espiritual e intelectualmente con la creación artística; y lo que hará, sabiéndolo o acaso sin darse cuenta siquiera, cual buitre despiadado, es devorarse los pocos recursos que se le dispensen a la Cultura. De ninguna manera conviene propiciar que ésta sea subsidiaria o subalterna de la aquella, que es exactamente lo que ocurrirá. No podemos permitirlo.

 

Ya urge por tanto un debate nacional serio sobre este desatino inmenso que empieza a fraguarse tras bambalinas; una discusión responsable, inteligente, profunda, en la que participe la mayor cantidad posible de personas ligadas al campo cultural. Y en este sentido, la Lic. María Eugenia Herrera, nueva Directora General del INAC, debe ser la primera en dejar oír sin ambages su voz para defender, sin temor a perder el puesto, el fundamental bastión de la Cultura ahora que corre el peligro de difuminarse, turísticamente, el poco apoyo estatal con el que ha contado esa sufrida entidad desde su positiva creación en 1974. Los intelectuales, artistas y escritores panameños sin duda haremos nuestra esa defensa.

* El autor es escritor y promotor cultural


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442959
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América