Aparte de tener que soportar la pesada carga del desarraigo, los 1.4 millones de desplazados que hay en Colombia también enfrentan el problema del hambre.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas advirtió ayer que el promedio del consumo diario de alimentos de las personas desplazadas en el país es de 1,752 calorías, muy por debajo de las 2,100 recomendadas.
"Toma años para los desplazados rehacer sus vidas y mientras tanto, ellos tienen hambre. Me encontré con familias indígenas de Urabá desplazadas recientemente, comiendo únicamente banano rechazado por la industria de la región", dijo Els Kocken, directora del PMA para Colombia.
En caso de los menores, una dieta deficitaria puede tener consecuencias físicas y mentales que acompañarán toda la vida a la persona. El grupo más sensible son los niños de entre 0 a 3 años.
El PMA tiene un plan con recursos por 8.9 millones de dólares para beneficiar entre julio próximo y junio del 2002 a unas 227,000 personas.
La mayoría de los desplazados son campesinos que se ven obligados a adoptar distintas estrategias para solucionar la crítica situación alimentaria que padecen entre los 4 y 24 meses después de abandonar sus hogares.