En algunas esquinas del hipódromo se están corriendo apuestas en el sentido de que el caso sobre la falta de 10 libras en el peso que debió cargar la yegua Miss Churube quedará en nada.
Gente bien curtida en estas lides aseguran que el asunto no pasará del valet, el juez de repeso y la jinete involucrada.
Quienes aterrizan en esta conclusión están reflejando la percepción mayoritaria, la cual considera que la justicia hípica no es ciega nada y que generalmente (con el perdón de ustedes) al más pendejo le preguntan quién es Dios.
No queremos pecar de santos inquisidores, ni nos mueve ninguna animadversión contra ninguno de los involucradas, pero tenemos suficientes elementos de juicio para suponer que hay algo podrido en el paddock.
La sesión extraordinaria que realizará la Comisión Nacional de Carreras hoy es, como anotamos en nuestra entrega de ayer, una oportunidad de oro.
El interrogatorio a los citados debe ser riguroso y, sin trastocar la presunción de inocencia de nadie, hay que presionar hasta que la verdad surja y todos los responsables reciban su castigo.
Si la Comisión Nacional de Carreras no puede cumplir ese cometido, por las limitaciones legales y jurisdiccionales que enfrenta, entonces alguno de los interesados debe propiciar que el caso trascienda el ámbito hípico para dar con la verdad.
El incidente de Miss Churube y el ambiente enrarecido que se formó en torno al mismo merece una actitud vertical para que caiga quien caiga.
Los entrenadores, los jinetes, los dueños de caballos, los dirigentes, las autoridades y todos los hípicos honestos, deben cerrar filas ante el escarnio al cual han sido sometidos por estos delincuentes que se están burlando de todos desde hace rato.