Uno de los temas que más apasiona a los niños y jóvenes es el ecológico, pese a sus preferencias por la tecnología. Sólo hay que encenderles la chispa del interés y nacen llamaradas de iniciativas.
Están muy familiarizados con las tres R: reducir, reutilizar y reciclar, y participan activamente en diversas actividades.
Pero como que no estamos aprovechando todo este potencial y cada dínamo se mueve a pequeña escala y en forma dispersa.
Conozco el caso de un grupo de pepenadores de un país del sur que luego de recibir orientación, formó una cooperativa y comenzó a recoger desperdicios seleccionados en diferentes barriadas. A los ciudadanos se les pidió que clasificaran los desechos y los cooperativistas los pasaban a recoger. Es decir, la gente ayudando a la gente. El éxito ha sido rotundo y los pepenadores han pasado a ser pequeños empresarios con posibilidades de tener una vida más digna.
Pero en Panamá seguimos empantanados en la falta de camiones recolectores y no vemos las otras dimensiones del problema.
Seguirán entonces las latas y plásticos flotando en nuestras playas, las neveras viejas arrastradas por las corrientes, los desperdicios menores taponando los desagües y cada vez, más barriadas inundándose.
¿Estamos retrocediendo? ¿Quién logrará articular un proyecto nacional que nos involucre a todos en materia medioambiental?