Hace unos días, los 125 estudiantes del curso de apreciación musical que dicto en la Universidad Temple de Filadelfia, escucharon la 'Guía orquestal para jóvenes' de Benjamin Britten. Conocieron su estructura: un tema, trece variaciones y una fuga al final. Diferenciaron el timbre de los instrumentos y los grupos instrumentales de la orquesta.
En una sola clase, estos estudiantes ?que no van a ser músicos sino médicos, ingenieros, abogados, economistas? conocieron la manera en la que un compositor trabaja el material sonoro y lo varía por medio de cambios en el ritmo, la métrica, el tempo, el timbre o la armonía; también aprendieron que una fuga es una melodía que se imita en diferentes registros.
La obra de Britten fue escrita para que los niños británicos aprendieran sobre música. Así imagino yo a los niños panameños en todas las áreas artísticas, con un conocimiento que les permita hablar con propiedad sobre lo que escuchan, sobre lo que ven, sobre lo que leen y no que lleguen a la adolescencia con el recuerdo disneylandesco de Mickey y Goofy, saludándolos desde una carroza, porque eso fue lo único que su país les ofreció cuando eran niños, con la excusa de que 'había que atraer al turismo'.
Apoyo, con el reciente Premio Cervantes Juan Goytisolo, la idea de crear un tribunal internacional para juzgar a Walt Disney Co., por matar la imaginación de los niños del mundo. Si el Municipio de Panamá necesita una persona que le coordine un evento para fin de año, le ofrezco mi asistencia, experiencia y cualificación académica. Les aseguro que con menos de tres millones y la ayuda de músicos, actores, artistas plásticos y escritores panameños, con propuestas relevantes y con ganas de mostrar lo que hacen, ofreceríamos un evento artístico con más trascendencia que el de Disney. ¿Por qué tenemos que tolerar que una multinacional ?que se pagará en parte con nuestro dinero? le quite la oportunidad de trabajo bien remunerado, como debe ser, al artista panameño?
Se quiere comparar el desfile de Panamá con Euro Disney en París, ignorando la actividad artística que ofrece París y la oferta enclenque de Panamá. Más que un desfile, Disney en Panamá mostrará ante el mundo una identidad espuria. Panamá no puede seguir con una cultura de toldos y espectáculos de cómica, con dirigentes y asesores culturales con visión anacrónica. Imaginen a estos individuos en un Ministerio de Cultura. Tendríamos un parque Disney en cada provincia. Hagan su desfile, pero no traten de vendernos su circo. ¿A quién creen que engañan? Algo huele mal, y no son los calzones sudados de Mickey.