Su Santidad, el papa Benedicto XVI, es optimista sobre la posibilidad de que la paz impere en el mundo y sostiene que para ello "la familia es la primera e insustituible educadora de la paz".
En su mensaje para la celebración de la jornada mundial para la paz, Joseph Ratzinger, acentúa la trascendencia de lo que denomina la "familia humana", como comunidad de paz.
El papa reafirma que la primera forma de comunión entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero también los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana.
«Todos los pueblos ?dice el Concilio Vaticano II? forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); también tienen un único fin último, Dios »[1], cita el pontífice en su mensaje de casi 4 mil palabras y que está dividido en al menos seis segmentos.
"Familia humana, comunidad de paz", es el título del pronunciamiento papal que está estructurado en seis ejes: Familia, sociedad y paz, la humanidad es una gran familia, Familia, comunidad humana y medio ambiente, Familia, comunidad humana y economía, Familia, comunidad humana y ley moral y Superación de los conflictos y desarme.
En el ámbito de familia sociedad y paz, el sumo pontífice describe que "en una vida familiar «sana» se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia", reflexiona.
El pronunciamento del máximo líder de la iglesia católica sale al paso de situaciones que han despertado la inquietud entre muchos y atina al señalar que la familia, al tener el deber de educar a sus miembros, es titular de unos derechos específicos. La misma Declaración universal de los derechos humanos, que constituye una conquista de civilización jurídica de valor realmente universal, afirma que «la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado».
El concepto de familia tiene su extensión en la humanidad, a la que Benedicto XVI califica como una "gran familia".
"La comunidad social, para vivir en paz, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es válido tanto para las comunidades locales como nacionales; más aún, es válido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esa casa común que es la tierra. Sin embargo, en esta perspectiva no se ha de olvidar que la familia nace del « sí » responsable y definitivo de un hombre y de una mujer, y vive del « sí » consciente de los hijos que poco a poco van formando parte de ella. Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser también una convicción compartida por cuantos están llamados a formar la común familia humana. Hay que saber decir el propio «sí» a esta vocación que Dios ha inscrito en nuestra misma naturaleza. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. Por eso es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en Él la fuente de la propia existencia y la de los demás. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así, poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada. Sin este fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia", escribe Ratzinger.
La situación ambiental y su incidencia en la convivencia pacífica de la humanidad es abordada en el mensaje con motivo del año nuevo.
"La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano está por encima de toda la creación. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea más importante que el hombre. Quiere decir más bien que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. Y tampoco se ha de olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creación, explica.
Agrega que "es fundamental «sentir» la tierra como «nuestra casa común» y,para ponerla al servicio de todos, adoptarla vía del diálogo en vez de tomar decisiones unilaterales. Si fuera necesario, se pueden aumentar los ámbitos institucionales en el plano internacional para afrontar juntos el gobierno de esta «casa» nuestra...".
El extenso, pero detallado mensaje, apela a la necesidad de superar los conflictos de toda índole entre las naciones, lo cual inevitablemente va ligado con el desarme.
"La humanidad sufre hoy, lamentablemente, grandes divisiones y fuertes conflictos que arrojan densas nubes sobre su futuro", sostiene y alude a que vastas regiones del planeta están envueltas en tensiones crecientes, mientras que el peligro de que aumenten los países con armas nucleares suscita en toda persona responsable una fundada preocupación.
En el Continente africano y el Medio Oriente son algunas regiones donde, a pesar de que se han dado algunos avances, siguen imperando condiciones inquietantes.
"En un plano más general, se debe hacer notar, con pesar, un aumento del número de Estados implicados en la carrera de armamentos: incluso Naciones en vías de desarrollo destinan una parte importante de su escaso producto interior para comprar armas. Las responsabilidades en este funesto comercio son muchas: están, por un lado, los países del mundo industrialmente desarrollado que obtienen importantes beneficios por la venta de armas y, por otro, están también las oligarquías dominantes en tantos países pobres que quieren reforzar su situación mediante la compra de armas cada vez más sofisticadas", critica el Papa.
"Es verdaderamente necesaria una movilización de todas las personas de buena voluntad para llegar a acuerdos concretos con vistas a una eficaz desmilitarización, sobre todo en el campo de las armas nucleares", insiste.
"Soy consciente de que al renovar esta llamada me hago intérprete del deseo de cuantos comparten la preocupación por el futuro de la humanidad.
Finalmente, Benedicto XVI recuerda la Declaración universal de los derechos humanos (1948),la declaración de la Santa Sede de la Carta de los derechos de la familia (1983),así como el 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968) como pasos trascendentales que ha dado la humanidad para la consolidación de la paz. Esas iniciativas, deben ser ratificadas y la humanidad debe "comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez más esta convicción, de la cual depende la instauración de una paz verdadera y duradera.
"Invito también a los creyentes a implorar a Dios sin cesar el gran don de la paz", concluye el líder de la grey católica.