El deporte panameño sufre de un cáncer que necesita ser extirpado con urgencia, porque de lo contrario, será muy tarde. Este cáncer tiene rostros, nombres y apellidos, personas que se muestran alegres y que disfrutan los beneficios del poder.
Como todo cáncer, es sensible a la hora que lo tocan, y al mínimo movimiento que siente, se mueve y causa malestares.
En Panamá, los actuales dirigentes deportivos se han convertido en ese cáncer.
Son personas que viven del deporte y que quieren seguir teniendo trato de reyes, sin merecerlo.
Piensan que nadie los puede criticar porque cuando alguien se atreve a sacar a la luz pública su mala gestión, de una vez sus esbirros o abogados, intentan coartar la libertad de expresión, mandando e-mails a los directivos de los periódicos con el propósito de sembrar el terror en los periodistas. Sigan gastando electricidad en vano.
Yo me pregunto, si estos señores, no mencionaré nombres, pero sé que ahora mismo le amargo el café a unos cuantos, entienden que son una escoria que le hace daño al deporte nacional, ¿Serán tan caradura para seguir haciéndole daño al deporte nacional? O es que piensan que sin ellos, nadie irá nunca más, a unas olimpiadas o juegos regionales.
Pienso que en Panamá, el deporte no avanza por este cáncer. Personitas que pelean a muerte por perpetuarse en un cargo.
Saben algo, ya es hora de que se larguen, por el bien del deporte.