“En los frentes de Granada, rumba la rumba rumbambá, no tenemos días lunes, ¡ay Carmela” El Ejército del Ebro.
Trato de imaginar a Papa Hemingway viendo la película de Philip Kaufman “Hemingway & Gellhorn”. Lo veo lanzando una botella de Bacardí (vacía por supuesto) contra la pantalla. Si no lo hizo antes, sería porque a lo mejor le pasó lo que a mí, que me quedé esperando que la película en algún momento mágico se arreglara los moños y se apretara el pantalón. Que al maestro del diálogo lo hayan puesto a repetir lo que ordenaba un insulso guión tendría que haber sido un suplicio, un insulto. Y como si fuera poco, el personaje es siete veces más petulante, borracho y pendenciero que el de la realidad; y siete veces menos original e ingenioso que el formidable Hemingway que uno rememora: escribiendo de pie, troleando sin salvavidas, boxeador, periodista, tragaldaba, viva la pepa, gritón y chupador de aguardiente, que llenó la mitad del siglo veinte con sus correrías, novelas, tabacos y gazapazos.
Lástima que artistas como Clive Owen y Nicole Kidman no hayan exigido un poco más al libreto. Perdieron dos escalones en mi estima (aunque no les representa ni un centavo a ellos). La vibrante canción del Ejército del Ebro (“Viva la quinta brigada que nos cubrirá de gloria, Ay Carmela, ay Carmela!”), se entona a lo largo de toda la película. Era una de mis favoritas, pero abusaron de ella. La repitieron hasta el bostezo. Perdieron la oportunidad de variar y entonar otras tan buenas, vigorosas y emblemáticas (‘Si me quieres escribir ya sabes mi paradero”).
Varios otros patinazos de la película: el pantalón de Nicole le quedaba ligeramente grande y no nos permitieron admirar la perfecta delineación de sus hermosas nalgas; la infame alusión a un Dos Passos homosexual, por un retorcido inspector soviético que además lo acusaba de traición. Las tomas en blanco y negro que parecen las originales que tomaron los camarógrafos del documental son buenas. De eso no nos dieron suficiente.
Es un film hecho para caja registradora, sin ventarrones cerebrales sobre el tema que hubiesen podido añadir algo de interés y de arte.
Soy más gustador de los cuentos de Hemingway que de sus novelas pero si me ponen a escoger entre esta olvidable película de sus amores con Gellhorn, escogería invitarte a que veamos Las nieves del Kilimanjaro.
Por qué digo que Hemingway está apambichado en esa película? Porque lo hacen bailar de medio lado, nunca de frente, a su estilo.