En el transcurso del otoño los árboles con su follaje cobrizo se van quedando pálidos. Una desnudez raquítica que raya en la anorexia y a la que uno prefiere quitarle la cara para evitar tanta tristeza. Basta entonces un soplo de brisa helada para que te brote, inevitable, una lágrima. En octubre de 1978 el catalán Ramón Mercader moría tras padecer insistentes dolores y extrañas inflamaciones, fiebre y anemia que declinaron en un cáncer de hueso incurable y fulminante. En el Palacio Negro de Lecumberri —que nunca fue palacio sino cárcel, una de las cárceles más lóbregas no sólo de México, sino de todo el continente americano— Ramón Mercader pagó veinte años por picarle el cráneo con un piolet a León Trotsky.
El Palacio de Lecumberri lleva el apellido de la familia de origen vasco que era dueña del terreno donde se construyó la cárcel. Un apellido que irónicamente significa en euskera “lugar bueno y nuevo”. En los 76 años que funcionó como cárcel —antes de convertirse en el Archivo General de México—, sólo dos prisioneros lograron escapar: el revolucionario Pancho Villa y el narcotraficante estadounidense Dwight Worker, que se fugó vestido de mujer después de que Barbara Chilcoate, con la que se había casado dos horas antes en presión, le ayudara a travestirse y engañar a los guardias. Por las celdas de Lecumberri pasó el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, que fue condenado a ocho años (de los que pagó cuatro) por el delito de disolución social. El escritor mexicano José Revueltas —hermano del compositor Silvestre y del pintor Fermín—, visitó Lecumberri por liderar el movimiento estudiantil mexicano que desembocó en la terrible Matanza de Tlatelolco en 1968. El colombiano Álvaro Mutis estuvo 15 meses por un supuesto desfalco a la multinacional ESSO—, de la que era jefe de relaciones públicas. En Lecumberri Mutis escribió “Cuadernos del Palacio Negro” y ahí lo frecuentaron Luis Buñuel y Elena Poniatowska, con la que mantendría una apasionante correspondencia.
Por el trabajo de asesinar al mayor enemigo de Stalin en 1940, Ramón Mercader recibiría de la URSS dos condecoraciones: la Orden de Lenin y la Estrella de Oro, además de medio millón de dolares que aunque no pudo gastar en libertad le sirvieron para pagar una cocinera personal en prisión, con cuya hija luego se casó en cautiverio y con la que tuvo tres hijos. Tras cumplir su condena vivió en la URSS y luego en Cuba, donde residía su madre Caridad del Río, quien junto a su amante ruso Nahum Eitingon, eligieron al joven Mercader para cometer el homicidio de Trotsky en Coyoacán.