Como te iba diciendo, la vanguardia, Sinán y Laurenza al frente, tuvo el mérito de desnudar la literatura panameña explorando para esto mucho de sus tabúes, pero quizás no haya alcanzado el de sublimar las manifestaciones sexuales, ¿no crees?
Vargas Llosa hace una diferenciación entre el erotismo y el sexo animal. Lo mismo Octavio Paz, para quien este es un tema recurrente. En mi opinión, si no sublimamos lo sexual en la red de significados de nuestra cultura, si pretendemos negar o esconder el hecho de que, Dios mío, somos seres absolutamente sexuales, acabaremos saltando infinitamente entre dos extremos de disfunción: la hipocresía y la carnalidad más burda.
Los Rabanes tienen el mérito de haber rescatado, muy a su manera, nuestra historia musical. Esto es innegable. Basta que pases revista de sus influencias e ingredientes para confirmar esto: calipso, reggae, salsa, rock pesado (los gringos también dejaron su semilla, ¿cierto?), haitiano, pindín y otros. Y lo han hecho con absoluta destreza musical, yendo perfectamente de un acorde a otro diferente. En este coctel mestizo, el sexo está en la superficie. Y es un sexo explícito, procaz, desenfrenado, que no me parece la mejor faceta del sexo. Lo mismo se puede decir del reggae en español más agresivo.
Según Octavio Paz, quien se hacía eco de muchas doctrinas orientales, el sexo te eleva o te hunde. El secreto parece estar en qué tanto refrenas ciertos impulsos, qué tanto miras hacia tu interior y tiendes a reorientar tus energías.
Señor Loop, que es el mejor ejemplo que me viene a la cabeza, utiliza los mismos elementos que los Rabanes u otros cantantes de rap callejero, pero no sucumben a la tentación de letras sexuales y explícitas, tiene un tratamiento más sereno de lo carnal. Hablan de unión en vez de coger; de deseos y no de te tengo ganas. Crean figuras poéticas en las que otros hablan de partes genitales. Ya no es sexo explícito, desbocado, sino erotismo. ¿Notas la diferencia?
En la literatura hay múltiples ejemplos, gracias a Dios, de este sexo sublimado. No acabaría si trato de mencionarlos todos. Solo diré que yo mismo tengo algunas historias que simbolizan el acercamiento entre un hombre y una mujer. También Moisés Pascual, Héctor Collado, Salvador Medina Barahona y otros tantos. Esa es la mejor cara de las manifestaciones sexuales y culturales panameñas.
Lo medular de los artículos que he publicado durante estas ya dos semanas, es que no es posible negar lo obvio: nuestra naturaleza es sexual. Lo que sí cabe es sublimar, comprender estas fuerzas, reorientarlas. Esto no es algo que yo inventé: muchos investigadores han sostenido con excelencia teorías en este sentido. La siguiente semana hablaré de por qué el escritor tiene que atreverse a perder el control.