[ Una pausa necesaria. Se me deshace en las manos un texto escolar: "Simiente", de Roberto Núñez Escobar, impreso en 1949 y recomendado como lectura para quinto grado; después de Gabriela Mistral y del general O´Leary hablando sobre Bolívar, constato que el niño de entonces debía leer "Carreta", soneto de Mario Augusto Rodríguez (1917-2008). El Decano de nuestras letras marchó a la Gran Biblioteca -triunfal, altivo, y sobre todo vigente - el pasado 10 de enero. Paz a su alma…]
Seguimos. Sobre la columna anterior, dice una lectora que para ella el cuento siempre será el cuento. Quizás. En Panamá, desde 1890 se les llamaba cuentos a las narraciones de Salomón Ponce Aguilera (1868-1945), Simón Rivas (1868-1915), Darío Herrera (1870-1914), León A. Soto (1874-1902), Guillermo Andreve (1879-1940), y otros, quienes se suman tarde al trabajo iniciado en Argentina por Esteban Echeverría con "El Matadero" (1839), considerado el primer cuento en la América hispana. Si los cito es para subrayar cuán largo es el camino recorrido.
Tanto ha sido el cambio que hoy mereciera nombre distinto el minitexto, microcosmos mágico, propicio a la complicidad autor-lector, casi hermético, cuya arquitectura cambia como caleidoscopio en cada lectura. Ante obras así (Mario Augusto escribió varias), aprisionadas en dimensiones reducidas, como atrapa la roca al metal precioso, nos asiste la tentación de renombrarlas, porque son distintas al cuento clásico.
Hay quienes entienden que los cuentos han de ser para "echar", en el sentido que damos a narrar una historia ante un público que deberá salir de ahí pasmado ante la novedad y, tanto mejor, aliviado después de haber reído. También hay autores que se deben a ese público y (una cosa lleva a la otra) jurados que los premian. Por igual, otros son fieles, hoy, a la prosa de pinceles, y se detienen a pintarnos escenas en este mundo saturado por imágenes, por la virtualidad, donde la descripción carece de la importancia que tenía en los días del telegrama.
Señalo esto a manera de constancia, no de reproche; como jurado, premiaría las que definí como gemas de destellos siempre nuevos, textos que esperan un cómplice idóneo para decirse acabados, pero ganaría el reclamo de quienes esperan "lo tradicional"…
Basta de preámbulos, iniciemos nuestro repaso de los diez libros de cuentos ganadores del Concurso Miró de la década pasada, pero ??"asuntos de espacio - eso será el otro domingo…
Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.