Tres columnas atrás iniciamos la relectura de los libros de cuentos ganadores del Premio Miró en la década 1990-2000. Continuemos:
En 1991 nos encontramos con "Rostros como manchas", de Justo Arroyo, galardonado varias veces en este certamen (en un sitio web reciente se nos habla de Justo, su vida y su obra: http://justoarroyo.agilityhoster.com). Son nueve cuentos en los que sobresale su característico estilo irónico, con personajes intrínsecos a su obra: el solitario, el alcohólico, el casado disconforme y el narrador capaz de atisbar, admonitorio, en los recodos íntimos de la sociedad.
Justo maneja con suma pericia las herramientas actuales y puede levantar edificios narrativos de interés indiscutible, con puertas y ventanas por las que entrar y salir a gusto, aunque pueda criticársele, si en eso hubiera motivos, el mantener un tono casi invariable en todos los cuentos, tono que, por otro lado, es una marca de agua en sus textos.
"Rostros…" deja en el paladar la sensación de que, aunque lo neguemos, hay pesares y angustias, cuentas sin saldar o demonios que aguardan en las sombras del inconsciente. Escojo los cuentos "La ventaja", por la maestría del autor para pasar revista a una situación íntima, y el que considero el mejor: "El jardín de Urbano", de brillante factura y gran fuerza dramática.
En 1992, Antonio Paredes Villegas obtiene el galardón con "El duende y otros cuentos", narraciones ambientadas en el interior de la República, pero contadas por un observador capitalino que en todo momento se ve como tal, con su asombro y en ciertos casos con su visión desenfocada sobre los escenarios rurales.
El cuento mejor logrado es el primero, "De orquídeas y de tigres", en el que Paredes rinde homenaje a Cortázar, aunque nos recuerda también a Umberto Eco en "El nombre de la rosa". En todo caso, es un cuento bien fundamentado en planos paralelos que convergen de un modo natural y exquisito, mediante una voz narrativa con convenientes toques poéticos.
"El duende" y "La refrigeradora" parten de anécdotas, pero interesan por el manejo de los hechos y su conclusión; en los demás se queda en el simple suceso o describe escenas que conoce por visitas de fin de semana y que, por lo mismo, llegan a parecer acartonadas.
¡Tiempo! Seguimos el domingo con Pedro Rivera y Consuelo Tomás…
Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.