Los criterios que aparecen en esta y en las próximas columnas los he tomado de los apuntes formulados para una conferencia que dicté, por invitación de la Universidad de Panamá, en torno a la producción cuentística del Concurso Ricardo Miró en el período 1990-2000. Es una tarea un poco más compleja de lo que a simple vista pareciera, similar en algunos aspectos a la misión que se confiere al jurado de ese certamen, el que, como ya he sostenido tantas veces, no es más que la suma y el promedio del gusto literario de tres personas, en el caso del Concurso, o del gusto literario de una sola persona, en mi caso.
Y es que, ¿cuántas veces no escuchamos a alguien hablar peyorativamente de una obra que antes, o después, hemos disfrutado? Somos seres humanos, no productos elaborados en serie, y así como damos forma a una sociedad marcada por conflictos, si estos se encaminan bien podrían constituir sendas hacia mejores horizontes. Las obras a las que he de referirme fueron santiguadas por el criterio de un grupo selecto de personas, pero es el público el que ha de bendecirlas con su aprecio; he allí el sustento "mágico" del asunto literario.
El propósito del recuento, ahora que inicia 2009, es insistir en la variedad de textos nacionales que están a nuestro alcance, a la vez que recordar a las entidades comprometidas con ese fin que es su deber promoverlos, y al público lector advertirle que este hábito requiere, igual que en el escritor, formación y perfeccionamiento constante, si se espera obtener mejor provecho.
A propósito, no he disfrutado por igual de todas estas lecturas, pues espero del cuento contemporáneo un manejo hábil, preciso, de las herramientas disponibles, y en eso he de admitir que algunos de los libros parecen extemporáneos, sujetos a un aparente limbo, al que el tiempo y el espacio le son ajenos por completo, al punto que no podrían representar a su época, con sus influencias, sus motivos, sus recursos, cuando sean leídos a un par de décadas de su publicación. Sí, ya sé: las emociones humanas permanecen… pero no tienen que permanecer inalterables el modo y los medios de contarlas. También sé que el escritor hábil emparenta su obra con el contexto narrado, y eso es plausible como acierto, no como limitación.
Continuamos la próxima semana...
Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.