Cuando “Momo” Gutíerrez leyó el epígrafe del cuento, preguntó: ¿Qué pensarán los lobos de esa frase lapidaria de Plauto?
Me dejó pensando que los lobos piensan, y que lo más terrible que le puede pasar a un lobo es que...
Recobró el conocimiento en una sala de cirugía. Lo primero que preguntó fue:
—¿Maté al lobo?
—No, señor –dijo la enfermera de ojos estrábicos pero muy linda que lo sujetaba mientras le cosían las heridas–. Oí decir que desapareció cojeando, dejando un rastro de sangre en el bosque.
Ya en el cuarto, aparte de las heridas, sintió que algo extraño le estaba ocurriendo porque no le provocaba nada de lo que le ofrecieron.
Sintió asqueroso el jugo de naranja con zanahoria y un verdadero vomitivo la tajada de dulce de chocolate.
Violeta, que lo visitó pasadas las nueve de la noche, se echó a reír cuando le contó lo raro que se estaba sintiendo: «Fíjate que no me provoca comer sino carne cruda; y que, además, cuando vi la luna, que ni siquiera es luna llena, estiré el pescuezo como para aullar.
«Cálmate», le dijo burlona, «estás muy viejo para convertirte en lobo».
Mankú espera a su mujer que, junto a su hermano, están de cacería.
Adolorido, acompaña a su cuñada y a su sobrino en el claro del bosque.
Le preocupa lo que siente en su interior.
«Grrrr, ¿que me pasa? He visto al venado pastar descuidado y no sentí ganas de brincarle y morderle el pescuezo, ni me provoca chupar su sangre. Me daría asco destajar sus flancos… Grrrr... ¿Qué me pasa?
La luna no me incita a aullar. No soporto estar en cuatro patas… ¿qué me pasa?»
—Grrrr… ven acá cachorrito mío, aléjate del tío Mankú. Parece enfermo.
Desde que lo atropelló la motocicleta, no ha parado de lamerse la sangre. No parece el mismo. Grrrr... Ven, apartémonos, pelusa, dientecito alegre, rabito inquieto… «Grrrr, Pierdo olfato y la querencia por carne cruda. Grrrr, ¿qué me pasa? Me da miedo la oscuridad, quiero luz.»
—Grrrr, abre bien los ojos y huele el aire, cachorrito mío, ¿qué ves? ¿a qué te huele la noche?
—Grrrr... El tío Mankú hiede muy feo, mami –La luna, convertida en hoz, quiere segar estrellas– ¡Corre, mami! ¡Huyamos, rápido! ¡Tío Mankú se ha convertido en hombre!