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Hoy habrá una carrera de verdad; y mañana, dos de mentira

Cuando esta columna vea la luz, las manecillas del reloj estarán galopando hacia dos momentos cruciales. El primero se dará sobre el final de la tarde de


Cuando esta columna vea la luz, las manecillas del reloj estarán galopando hacia dos momentos cruciales. El primero se dará sobre el final de la tarde de hoy; y el segundo, unas 24 horas más tarde.

El primer hito tiene como punto de encuentro la ciudad de Baltimore, en donde el potro California Chrome tratará de ganarse la segunda joya de la triple corona estadounidense, evento para el cual los expertos coinciden en señalarlo como amplio favorito.

Se trata del Preakness Stakes, una carrera que se disputará sobre 1,911 metros y enfrenta a 10 ejemplares, entre ellos una yegua. Muchos irán al hipódromo de Pimlico para ver caer al California Chrome, pero la mayoría, seguramente, asistirá con la ilusión de verlo ganar y anidar la esperanza de que finalmente se produzca un campeón de la triple corona, incidencia que no se registra desde 1978. Es decir, hace buko tiempo.

 

Pero dejemos a Pimlico de un lado y volvamos a nuestra realidad, ya que mañana 16 caballos irán al sacrificio para eliminar a dos de ellos. Se trata de dos eventos clasificatorios para definir los 14 caballos necesarios para llenar el partidor automático.

Lo que veremos mañana ya ha ocurrido en otras oportunidades, y la más reciente fue hace dos temporadas. Se trata de un procedimiento establecido en las disposiciones reglamentarias de los clásicos, por lo que resulta imperioso y obligatorio cumplirlo.

Sin embargo, no deja de ser un examen que en la mayoría de las ocasiones es pernicioso para los participantes, para quienes los entrenan y, sobre todo, para el espectáculo. Esto debido a que las carreras de clasificación, que se desarrollan dos semanas antes que la prueba de fondo, se disputan sobre 2,000 metros (100 metros menos que el día de la carrera oficial) y de alguna manera desgastan a los competidores.

 

Esto último es la cara menos mala de la historia porque también está la posibilidad de que algunos se acomoden en la zona de confort y salgan a trotar para asegurar un espacio para el día de la verdad. En el caso que nos ocupa, solo basta con terminar entre los siete primeros (recordemos que van ocho en cada clasificación), por lo que para la mayoría no sería necesario quemarse el cuero sobre el barro.

Realizar dos carreras sobre un par de kilómetros para eliminar a un dúo de ejemplares no parece una práctica sensata.

Como ya señalamos, estas clasificaciones no son traídas por los cabellos, sino que obedecen a la reglamentación que empuja hacia ellas cuando el premio del clásico en cuestión supera los $50,000. En este caso estamos hablando de $100,000. Sin embargo, nadie dijo que las reglas están escritas sobre piedra, así que sería prudente repensar el asunto.

 

Hace unos pocos años se decidió cambiar la histórica distancia de 2,600 metros sobre los cuales se disputaba el Clásico Presidente, y se fijó en 2,100 metros. La idea —dijeron algunos de sus propulsores— era amoldarse a la tendencia universal de hacer carreras más cortas y así extender la vida útil de los pencos.

Entonces, si tomamos como referencia ese mismo criterio, habría que ampliar la cantidad mínima necesaria para convocar carreras de clasificación y así nos evitaríamos carreras de mentirita como las que veremos mañana.

El reloj está corriendo en contra nuestra, ojalá ajustemos las reglas pronto y no demoremos los 36 años como ha pasado con la triple corona.

 

Por lo pronto, veamos cómo le va a California Chrome en Baltimore y qué clase de espectáculo nos presentan los aspirantes al Clásico Presidente de la República mañana, cuando les tendremos el ojo puesto.


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927861
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América