El presidente Hugo Chávez convocó al pueblo humilde a volcarse ayer desde muy temprano a las urnas para evitar una abstención susceptible de frustrar su sueño de transformar de raíz el Estado e instituciones de Venezuela. El Consejo Nacional Electoral (CNE), como es habitual en cada acto comicial venezolano, programó las votaciones entre las seis de la mañana y seis de la tarde (10H00 a 22H00 GMT), aunque podrían prolongarse si se mantienen colas de sufragantes.
Como en los últimos tres comicios (regionales y legislativos, presidenciales y el referéndum constituyente), el CNE convoca a una población de más de 11 millones de electores (más de 1,2 millones de nuevos votantes), que deben sufragar en 22.965 mesas electorales. Se elegirán, entre 1.171 aspirantes, a 128 constituyentes, mientras que otros tres fueron seleccionados por las etnias indígenas el pasado fin de semana.
La popularidad de Chávez, entre 75 y 80% según analistas independientes y 95% sus más entusiastas seguidores, arropa a los candidatos del Polo Patriótico, como se llama la unión de fuerzas izquierdistas que le apoyan, para contrarrestar su condición de desconocidos frente a los políticos tradicionales.
La oposición, en cambio, prefirió desplegar sus candidatos sin estridencias, sin respaldo tácito de los partidos políticos tradicionales al mantenerse el rechazo del ciudadano común a estas instituciones. En medio de una aguda recesión, con una caída del consumo cercana a los cuatro puntos, un desempleo abierto del 15% y una pobreza que atrapa al 80% de los 23 millones de venezolanos, Chávez mantiene aún el fervor de los humildes.
Sin embargo, las elecciones constituyentes de mañana están influenciadas por el más del 62% de abstención que registró el referéndum solicitando su convocatoria, realizado el pasado 25 de abril.
Por ello Chávez habló la noche del jueves al país desde un balcón del presidencial Palacio de Miraflores, remarcando que votará a las seis de la mañana y que sus adeptos deben levantarse dos horas antes ("a las cuatro, la hora del ataque") para volcarse a las mesas de votación, sufragar y ayudar a los confusos.
Más aún, el presidente se declaró un prisionero del sistema y que espera que el pueblo le libere al anochecer del domingo con un claro triunfo en las elecciones constituyentes.
Tampoco perdió tiempo para acusar a sus rivales del partido socialdemócrata Acción Democrática (AD) de fraguar una emisión de falsos listados para confundir a los electores, y fustigó por igual a la cúpula dirigente del democristiano Copei.
En la otra orilla, el candidato Alberto Franceschi, del emergente conservador Proyecto Venezuela (PV) y uno de los más duros adversarios de Chávez, en medio de repeticiones de grabaciones de TV de un ataque de encapuchados que sufrió esta semana en un acto universitario, repite que esa es la democracia de Chávez.
Chávez desarrolló su cierre de campaña electoral la noche del jueves, después de que sus partidarios atrajeran la atención con manifestaciones populares de entrega, mediante colecta popular, del monto de una multa que impuso al mandatario el CNE, acusándole de promocionar indebidamente a sus candidatos.
El CNE prohibió, bajo estos mismos argumentos, los programas semanales que Chávez tenía en la televisora y emisora radial del Estado.
Chávez sostiene que esta medida es ilegal porque estas elecciones deben regirse por normas diferentes a las tradicionales, pero la Corte Suprema de Justicia dio la razón al CNE.
"Por supuesto, la IV República (iniciada en el actual periodo democrático iniciado en 1958, al que Chávez acusa de todos los males de la nación y ser corrupto), el poder constituido moribundo, se resiste a morir, pero va a morir", sentenció el mandatario.
En el acto, Chávez, quien se declara ferviente seguidor del Libertador Simón Bolívar y propugna una "revolución democrática bolivariana", propuso que Venezuela se llame en adelante República Bolivariana de Venezuela. Mientras analistas dicen que las listas de Chávez pueden ganar con 60% de los votos, y se advierte también sobre la posibilidad de una abstención del 54%, los adversarios del presidente confían, más que en una victoria, en que surja una Asamblea Constituyente con integrantes simpatizantes del mandatario, pero no sus sumisos seguidores.