En cuatro minutos, salió al campo y logró el único gol del partido, tiempo suficiente para que Zlatan Ibrahimovic despejase de golpe las dudas que se habían creado en torno a su rendimiento, sus cifras goleadoras y su capacidad para decidir los partidos verdaderamente grandes.
Frente a Cristiano Ronaldo y Messi, centro de todos los focos, la figura del delantero sueco se graduó en su primer clásico del fútbol español.
El autor del gol es ya el máximo goleador del Barça en la Liga, con ocho tantos en once partidos.
En cuanto Ibrahimovic recogió el testigo de Thierry Henry como nueve del Barcelona, apenas iniciada la segunda parte, pareció empeñado en devolver el orden natural del equipo.
Estilos.
El francés se movió por todo el frente de ataque, pero estuvo difuso. El sueco estuvo más concreto: ocupó la zona del campo teóricamente reservada al delantero centro y empujó a la red un gran centro de Daniel Alves para decidir el clásico.
De un golpe, Ibra apagó las dudas. Las que apuntaban a su estado físico, porque no había jugado ante el Inter de Milán, su ex equipo, ni tampoco en Bilbao, debido a las molestias en los isquiotibiales que le mantenían parado desde el 8 de noviembre.