No doy crédito, me regodeo y me relamo. Me froto las manos del gusto. Lo cierto es que me imaginaba algo así, pero ni en mis sueños más felices podría haberme imaginado algo como esto. Cinco años de alegrías sin cuento, de ocurrencias inefables, cinco años en los que seiscientas palabras a la semana se me van a quedar cortas para tantos y tan divertidos temas. No voy a dar abasto.
Esta semana dudaba en comentar acerca de la pusilanimidad del gobierno al enfrentarse con los que cierran calles y exigen derechos que no tienen, cuando de repente me encuentro con esta perla, el diputado Lombana propone una iniciativa para resaltar el valor de la cutarra y el sancocho. Y yo leo y releo y no estoy segura de haber entendido bien. Dicen que ‘es deber del Estado exaltar los valores que forman parte del acervo cultural de la nacionalidad’ y no digo yo que no lo sea. Pretenden que el Estado cuide de la conservación en la naturaleza de las materias primas que se usan en su elaboración. Y no digo yo que esté mal.
Solo tengo algunas preguntitas para el honorable Lombana, y puestos, para todos los que apoyan esta tontería, a saber: ¿la jagua no forma parte del acervo cultural de la nacionalidad? ¿Y el achiote? ¿No les interesa preservar la conservación del pixbae? Porque el pixbae forma parte del acervo cultural panameño desde mucho antes que el sancocho. ¿A alguien le interesa preservar el árbol cucuá? ¿Algún elemento de la cultura bribri? ¿O de la naso? ¿Nadie propone proteger la madera con la que se hacen los nuchus? ¿No se les ha ocurrido preservar también elementos de la identidad panameña como las parumas, por ejemplo? ¿O es que los emberás no forman parte de la identidad cultural panameña? ¿A alguien le preocupa el desastre que se está haciendo con el patrimonio en Colón? ¿Alguien ha protestado por ello o ha exigido que se cumplan las normativas?
Conste que no tengo absolutamente nada contra las provincias centrales y la cultura ladina y criolla. Nada. Me encanta el sancocho y acostumbro a usar cutarras de las de verdad (hechas en mi pie) en el día a día. Más de una vez me he enfrentado a miradas de incredulidad cuando se fijan en lo que llevo en los pies. Mi suegro es santeño, y he llevado la pollera con orgullo en más de una ocasión. Pero también conozco y reconozco muchos otros elementos de la identidad panameña, aun cuando no lo soy.
Me parece absolutamente indignante que se hable de identidad panameña y se la relacione con dos elementos. Dos. Concretos y exactos. ¿Por qué esos y no otros? ¿Quién ha decidido esto? ¿Estamos todos tontos o qué?
Me parece extraño que no hayan salido a las calles representantes del resto de los grupos culturales panameños a protestar. A exigir sus derechos. A pedir que sus elementos identitarios también sean protegidos. Porque la identidad no es algo que se imponga por decreto. Los elementos identitarios no se pueden imponer por decreto. Y desde luego no son los gobiernos los que deben definir cuales entran dentro de la protección de papá Estado y cuáles no.
A ver si algún buen samaritano se acerca a los honorables Lombana y a su titular y les dice que lo que están proponiendo es una boutade. A algún buen samaritano que le importe. Pero claro, estamos hablando de Panamá, y mientras quede culantro y ñame para hacer el sancocho que corte la goma después de carnavalear ¿A quién le importa el resto?