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Identidades y falsas identidades


El problema de la identidad sigue revoloteando en el análisis porque no ha sido superado, y más bien pareciera haber tomado otra forma de expresión.
Pueblo sin tradición, desorganizado, sin "cultura", predispuesto a la fiesta antes que al trabajo duro, gastador o derrochador cuando tiene, o consumidor más allá de sus posibilidades, mestizo, ignorante, bicicletero, pretencioso ("un venezolano es un panameño que se cree argentino"), etc..Estas son algunos de los calificativos que los panameños registramos cotidianamente cuando tenemos la oportunidad de escuchar a un extranjero residente o no, molesto por alguna conducta propia de los "naturales" del país.
No pocos de estos adjetivos son asumidos por nosotros mismos, en un gesto de resignación indolente, como confirmatorio de una autovaloración negativa. En no pocos informes oficiales donde se analiza la cultura de la sociedad panameña, la percepción negativa de la autoimagen social es una característica indicativa de los problemas de una sociedad para asumir tareas más substantivas en dirección a superar las limitaciones del subdesarrollo histórico. Los mismos chistes panameños, por lo general colocan a la figura del "panameño" en situaciones de desventaja frente a los nacionales de otros países, especialmente norteamericanos, europeos, y aún latinoamericanos.
En la década de 1960 Hernán Porras, entonces director de la dirección de Planificación y Política Económica adscrita a la Presidencia de la República, y autor en 1953 del famoso análisis titulado "Papel Histórico de los Grupos Humanos de Panamá", organizó una oficina denominada de la identidad panameña, donde integró un equipo de pensadores y científicos sociales que analizaron los factores antropológicos, económicos, históricos que explicaran el problema de la identidad del panameño, problema planteado desde 1916 por Eusebio A. Morales. Dentro del esquema del modelo de planificación para el "despegue", según el concepto de Rostow, era claro que la integración, la diversidad cultural y la identidad negativa, eran elementos claves para cualquier proyecto de desarrollo.
En el equipo participaban, entre otros, Reina Torres de Araúz, antropóloga, Alfredo Castillero C., historiador, y otros especialistas, incluyendo un sicólogo. Fue uno de los primeros think tank de la modernidad panameña (¿o debo decir post modernidad?). La unidad se desintegró poco después con el régimen militar, y sus funciones cambiaron a la unidad de Planificación Social, menos abstracta en sus objetivos, más concreta en su oferta intelectual.
Los temas planteados allí quedaron como factor de fondo para la interpretación de la realidad social del país, y de alguna manera se filtraron en cuanto documento salió posteriormente de las oficinas del Ministerio de Planificación y Política Económica, y también de los documentos elaborados por los organismos internacionales… Dos elementos parecieran resaltar de estos trabajos. La dicotomía entre el campo y la ciudad y la hiperconcentración de las funciones económicas de la región de tránsito que en vez de favorecer el campo lo inhibió, lo retrasó, cruzado por la diversidad de pueblos cuyas culturas reflejaban una débil integración nacional, en el marco de un modelo de cultura nacional homogénea, cada uno de los cuales se manifestaba en un orden jerárquico de relaciones verticales de patrón-cliente. Esto último lo incluyó como tema implícito, pero difícilmente incorporado como aspecto de la discusión formal de entonces.
El análisis del problema generó una respuesta orientada a reforzar la autoimágen de la sociedad panameña, pero sin resolver de manera clara el problema de los factores históricos y sociales, como económicos que favorecían esta desarticulación de la sociedad nacional. Las campañas turísticas y los sectores empresariales promovieron estas campañas resaltando los valores nacionales, conscientes también de la relación de estas poblaciones con un mercado nacional débilmente integrado y que a la postre debería ser un objetivo de la oferta de los productos de consumo. Digamos que una parte de estas campañas eran expresiones genuinas en busca de una imagen basada en las supuestas virtudes nacionales, proyección de la amistad, la cooperación, el altruismo, el trabajo de unos, y, ahora, la diversidad cultural, algo que estaba exento de las campañas originales, pues cada uno de estos factores se consideraban negativos al modelo de cultura nacional imaginado.
Todo esto contrastaba con otra campaña, muy subjetiva, que pintaba a los marginados urbanos como responsables de una conducta amoral y reprobable, cuando esa misma conducta va a ser exhibida de manera espontánea y sin mucho enmascaramiento, por las clases económicas y políticas en los años subsiguientes a la invasión.
No obstante, la discusión sigue vigente. El problema de la identidad sigue revoloteando en el análisis porque no ha sido superado, y más bien pareciera haber tomado otra forma de expresión, una hiper manifestación de las diversidades culturales pero ahora nacionalizadas en un modelo amorfo de bondades culturales apenas reconocidas. Lo que antes se consideraba anómalo, o limitante, ahora se prodiga como valor.
Hasta la televisión lo favorece, pues todo lo que signifique orientación al consumo se resalta como cualidad, incluyendo el lenguaje obsceno, los gestos agresivos, etc. La diversidad cultural no se reconoce por lo que vale como expresión de una identidad particular, sino por lo que vale en el mercado turístico.
Mejorar la familia es, indiscutiblemente, mejorar la sociedad. Es estar disponibles por restaurar los valores quebrantados, recuperar los perdidos y potenciar los muchos que, afortunadamente, tenemos en buen estado.
(gemiliani@cwpanama.net)
Dependerá de los nombramientos que se hagan en la Contraloría, las Procuradurías y las Magistraturas en la Corte Suprema y también de un inequívoco e indubitable liderazgo de nuestro nuevo Presidente y su equipo, con el apoyo y la participación de los dirigentes de la sociedad civil, para que podamos frenar primero y luego reducir
drásticamente la corrupción, aproximándonos así al ideal de 0 corrupción.
La democracia sufre hoy más que nunca de lo que llamaría una nueva vulnerabilidad, ya no tanto ante el peligro exógeno de los militares, sino ante el peligro endógeno a veces debido a graves problemas económicos y lo más frecuentemente de tales problemas y/o a la corrupción.
Si recorremos el panorama de presidentes electos de las últimas décadas después de la caída de las dictaduras militaristas, nos encontramos:
  1. Por lo menos 11 presidentes han sido depuestos, por iniciativa de civiles con relativamente poco impulso de los militares, a saber Antonio Guzmán ("82 Rep. Dominicana), Raúl Ricardo Alfonsín ("89 Argentina), Fernando Collor de Mello ("92 Brasil, Jorge Antonio Serrano Elías ("93 Guatemala), Carlos Andrés Pérez ("93 Venezuela), Abdalá Bucarán ("97 Ecuador), Raúl Cubas Grau ("99 Paraguay), Jamil Mahuad Witt ("00 Ecuador), Alberto Fujimori ("00 Perú), Fernando de la Rúa ("01 Argentina), Gonzalo Sánchez de Lozada ("03 Bolivia) y Jean Bertrand Aristide ("04 Haití). Rafael Angel Calderón Fournier ("04 Costa Rica), Alfonso Portillo ("04 Guatemala),

  2. Otros 11 presidentes terminaron su período, pero tuvieron al salir de la presidencia o algún tiempo después graves problemas judiciales y/o legislativos por acusaciones de corrupción y/o mal manejo de la economía: Salvador Jorge Blanco ("87 Rep. Dominicana), Alan García Pérez ("85 Perú), Rafael Callejas ("94 Honduras), Carlos Salinas de Gortari ("94 México), Ernesto Samper ("98 Colombia), Carlos Saúl Menem("99 Argentina, Juan Carlos Wasmosy ("02 Paraguay), Luis González Macchi. (03 Paraguay), Rafael Angel Calderón Fournier (04 Costa Rica), Miguel Ángel Rodríguez ("04 Costa Rica) y José María Figueres (04 Costa Rica).

  3. Cuatro presidentes siguen en sus cargos, pero están sometidos a graves cuestionamientos populares y/o legislativos y judiciales y su futuro es incierto: Hugo Chávez Frías("04 Venezuela), Enrique Bolaños ("04 Nicaragua) y Lucio Gutierrez ("04 Ecuador) y Alejnadro Toledo (04 Perú).


Cabe tener presente que la nueva vulnerabilidad afecta a presidentes de todas las ideologías; liberales, conservadores, socialdemócratas, democristianos., populistas, de antecedentes militares o civiles, en países grandes como Brasil, México y Argentina, medianos como Venezuela., Ecuador, Perú y Guatemala y chicos como Haití, Costa Rica y Bolivia, ricos y pobres, con diverso grado de presencia de las fuerzas armadas y diversas relaciones con los Estados Unidos de América, la única superpotencia.
El caso de Costa Rica y los otros casos latinoamericanos deben servirnos de grave advertencia a nosotros en Panamá. Acabamos de terminar un período presidencial que se ha caracterizado por la peor corrupción de un gobierno democrático del que tengamos memoria. La Presidenta admitió poco días antes de terminar su período que tuvo a su disposición discrecional $23,400,000 y el Contralor declaró que, aunque examinó los documentos correspondientes y otorgó el finiquito, él no posee copias de las cuentas y recibos, que éstos se habrían "perdido" de las manos del personal de la oficina de la Presidenta y, a pesar de que sabe de la desaparición de tales documentos oficiales, no ha iniciado ninguna investigación para ubicarlos o denunciar a quienes lo hubieran destruido. Ambos merecen una investigación exhaustiva y sin consideraciones, para que se haga justicia en ambos casos, ya que son los dos principales responsables por el desbarajuste financiero en que han dejado al país.
Hay quienes por el cinismo que les ha producido la impunidad de la que han gozado una parte de los poderosos de todos los regímenes auguran que nada le sucederá a los delincuentes de cuello blanco del gobierno pasado, porque eventuales delincuentes de cuello blanco que le atribuyen al nuevo gobierno lo que querrían no es acabar con la corrupción sino beneficiarse de ella. Los próximos nombramientos del Presidente y la Asamblea, tales el Contralor, los Procuradores de la Nación y de la Administración y los Magistrado/as de la Corte Suprema, serán decisivos desde este punto de vista. El primer nombramiento a la Corte y el del Gerente General del Banco Nacional han sido recibidos con beneplácito por el Panamá cívico y decente. Es de esperar que los que sigan reciban y merezcan igual recepción..
Si los próximos nombramientos se realizan a conciencia, sin politiquería, escogiendo gente que sea realmente capaz, efectivamente honesta y claramente decidida,, la Presidencia de Martín Torrijos puede estar entre las mejores de nuestra historia.
Indudablemente que podemos aprender mucho de Costa Rica. Pero a un nivel más profundo hay rasgos de nuestra cultura política que merecen atención para hacerle frente a la corrupción.


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174974
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América