Educación, medicamentos y comida son tres necesidades básicas que toda sociedad debiera procurarse, especialmente a su población en edad escolar, pero cuando esa proyección es superada por las leyes del mercado, los resultados suelen ser abominables.
reportó esta semana un aumento de entre 66% y 72% en los colegios particulares de la ciudad, que incluye incrementos en la anualidad y la mensualidad. En dólares esto se traduce en aumentos que van desde $10 hasta $394.
Panamá AméricaDe un lado están los padres de familia que hacen un esfuerzo (no es sacrificio como dicen algunos) para darle una educación de cierta calidad a sus hijos. Por otro lado se yerguen los empresarios de la educación, cuyos costos operativos son elevados, debido a la dinámica económica del país y los servicios que requieren para diferenciarse de los colegios gubernamentales y, en el medio, están los estudiantes.
Se trata de un asunto sobre el cual cada año hay debates, porque la experiencia de la mayoría de los padres que deciden por la educación particular les lleva a la conclusión de que hay un nivel elevado de especulación y hasta extorsión en algunos casos, lo cual pone en riesgo al segmento más vulnerable de la sociedad.
Pero no solo en la educación se observa ese escenario mercantilista, sino también en los medicamentos y en los alimentos de los infantes. Si usted tiene un niño menor de 4 años, se habrá percatado de que, en muchas ocasiones, un jarabe o un medicamento alcanza precios que equivalen a dos y tres veces el de una botella de vino o una caja de cervezas.
Igual con las fórmulas alimenticias. Los precios tocan la estratosfera. El solo imaginar cómo hacen las familias menos favorecidas para alimentar adecuadamente a sus niños nos mueve a preocuparnos.
No se trata de coartar el libre comercio ni de impedir que quienes inviertan ganen dinero, pero como sociedad necesitamos hacer esfuerzos para sensibilizar a los comerciantes, a fin de que comprendan que se pueden hacer negocios con un sentido más humano. Si bien es cierto que hay un Panamá que avanza y gente con recursos para subsistir, también hay quienes solo viven para cuidar, alimentar y educar a sus hijos, los cuales son, en muchos casos, la única esperanza de la familia. No los condenemos tan temprano a ser víctimas de las tenebrosas leyes del mercado que los ponen a pagar impuestos antes de tiempo.