Mientras miles de hectáreas continuaban siendo devoradas por el fuego por todo Nuevo México, los residentes de Los Alamos comenzaban a enterarse de que sus viviendas habían quedado reducidas a escombros o que habían quedado intactas fuera de peligro.
"Esperábamos figurar entre los afortunados, pero no fue así", comentó Kevin Granville, que se enteró anoche de las malas noticias de que su vivienda había quedado destruida.
Sin embargo, otros entre los 25.000 residentes evacuados de Los Alamos hubo otros que sorprendido regresaron a sus viviendas.
El secretario del Interior, Bruce Babbitt, les ofreció a los damnificados averiguar porque el Servicio Nacional de Parques inició un incendio, que quedó fuera de control, el 4 de mayo en el monumento nacional Bandelier.
El incendio, con el que trataban ayudar a remover ramas y césped resecos, se propagó hasta Los Alamos, situado en la zona adyacente al parque y arrasó con 13.355 hectáreas.
Roy Weaver, superintendente del parque, fue suspendido de su cargo sin pago de sueldo hasta que se investigue el caso.Babbitti dijo que todos los incendios controlados en la costa occidental serían suspendido por lo menos por un mes.
El fuego aún se extendía pero a menor velocidad. Los vientos eran leves, aunque se preveían ráfagas de hasta 30 kph.
Se informó sobre la evacuación de otros dos pueblos en el sur de estado: Sacramento y Weed.
"Parece una zona de guerra", dijo ayer el jefe de bomberos Ed Pellian.Había dormido apenas siete horas en los últimos tres días.
"Venía bajando por la montaña como un tren de carga", dijo Pellian."No podíamos con él.Corríamos, corríamos, corríamos, y siempre nos alcanzaba".
El viernes los bomberos aprovecharon la noche para quemar árboles, hierba y maleza a unos ocho kilómetros del pueblo, con la esperanza crear una zona arrasada que detenga las llamas. Echaron agua sobre las casas que seguían en pie.
El pueblo de Los Alamos vive esencialmente del Laboratorio Nacional, que emplea a unos 7.000 vecinos en sus diversas dependencias.
En el laboratorio de armamentos, las llamas quemaron vehículos y edificios precarios, pasaron cerca de los búnkers de hormigón donde se almacenan explosivos y llegaron hasta 300 metros de un depósito de plutonio. Las autoridades insisten en que los materiales peligrosos se encuentran en instalaciones a prueba de fuego capaces de resistir la caída de un avión 747.