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Infierno–Purgatorio ida y vuelta

No puedo creerme que no haya gente en éste país lo suficientemente inteligente como para poder montar un sistema de autobuses moderno.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora)

Volvemos una vez más a lo mismo de siempre. Esto parece el tormento de Sísifo, empujar la puta roca hasta lo alto del cerro para que, al llegar arriba, el peñasco ruede de nuevo hasta abajo pillándote a ti en el camino, haciéndote pupa. Pues así mismo nos sentimos los que usamos las vías públicas para trasladarnos. Porque lo de los diablos rojos es el cuento de nunca acabar. Al parecer no hay gobierno que sea capaz de pararles los pies a los sinvergüenzas que deciden jodernos a todos. Porque para pararlos hay que tenerlos muy bien puestos, (los huevos, ¿eh? no los pies). Y por lo que veo hay pocos en éste país que los tengan. Bien puestos, digo.

Nos habían llevado al purgatorio. No era el estado ideal. Las deficiencias eran muchas. Había pocos autobuses. Las rutas no eran perfectas. Los conductores estaban maleados por años de malas prácticas. Acepto todas y cada una de las consideraciones al respecto. No era el paraíso, era el purgatorio. Pero era un avance. 

 
El 7 de septiembre, en el Aullido titulado ‘Preguntas sin respuesta’ yo escribí: “Si los políticos no se ponen los pantalones y arreglan de una buena vez el problema de los autobuses urbanos es porque no les da la puñetera gana. No puedo creerme que no haya gente en éste país lo suficientemente inteligente como para poder montar un sistema de autobuses moderno, eficiente y rápido. Si el problema no es el talento panameño, que lo hay, y en abundancia, ¿Cuál es el problema? Pues, como casi siempre, me da a mí que son los intereses creados. Los intereses del bolsillo de unos cuantos, y al resto, que nos coma el chombo”.

Fíjense ustedes que yo nunca me creí que los del gobierno me leyesen, ¡qué sorpresa! Y que se pusieran las pilas, tomaran el toro por los cuernos y se arremangasen para poner manos a la obra, tal y como les aconsejé que hicieran, tampoco nunca lo creí. Lo malo en este asunto es que no entendieron más que lo que quisieron entender. Porque el talento abundante al que me refería en el párrafo supraescrito no tiene nada que ver con el talento para la conducción de los palancas de los malhadados diablos rojos.

Este país no aprende de sus errores, los políticos no quieren aceptar ni sus errores ni los aciertos de los demás. Y en lugar de continuar empujando la roca y apuntalarla para que no vuelva a caer nunca más, la empujan desde donde la dejaron los otros con la excusa idiota de que el método para subirla no era el adecuado. Y que ellos sí, ellos si van a saber subirla como debe ser. Mientras tanto la roca sigue matando gente de bajada y volverá a matar gente de subida.

 
Pero nadie aprende, empeñados como están en discursos demagógicos y argumentos en bucle. Están demasiado concentrados en sus propios bolsillos y los de sus amigos. Porque por ahora no se acuerdan de los electores. De esos se acordarán dentro de cuatro años y medio, más o menos. Para entonces ya se habrán inventado mil y una excusas para explicar las razones por las cuales permitieron que el infierno se desatara de nuevo en las calles de este Panamá nuestro. Lo malo es que ningún dios se moleste en atarlos a todos a la roca y hacer que los devore vivos un águila. Imagen que hubiera sido bonita de ver y ejemplarizante para los que vinieran detrás tratando de jugar con la vida de aquellos a los que gobiernan. 


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950255
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América