El inglés Brian Davis aguantó en su posición de líder y gano la 74 edición del Abierto de España, que terminó ayer en el campo gerundense del PGA Golf de Cataluña de Caldes de Malavella, un "desconocido" más que engrosa la lista de campeones del gran clásico español, torneo que desde que lo ganara Severiano Ballesteros por última vez, en 1995, no ha tenido un titular de campanillas.
Ante una media de casi trece mil espectadores diarios, lo que supone un récord en España de asistencia total con algo más de cincuenta mil, según datos oficiales, siguió la tradición de notable escasez de victorias españolas. Desde 1970, sólo Antonio Garrido, en dos ocasiones, y Severiano Ballesteros, en tres, han logrado ganar el más español de los torneos que se han disputado en el Circuito Europeo, el sexto más antiguo de ese "tour" y el cuarto más veterano que se sigue jugando.
Pero la tradición también establece que, después del triunfo de Seve en 1995, la última victoria española en este torneo y el último título en su palmarés personal, el triunfo ha estado reservado desde entonces a gente de segunda fila, caso del irlandés Harrington (1996), ahora una buen elemento pero entonces un recién llegado al mundo profesional; el inglés James (1997), el danés Thomas Bjorn (1998), a costa de José María Olazábal; el sueco Jarmo Sandelin (1999), el año pasado y contra todo pronóstico, y, este año, el inglés Brian Davis, un absoluto desconocido en cuya carta de presentación sólo figuraba hasta la fecha una cuarta posición en el Abierto de Alemania de 1997 como todo bagaje en casi seis años de profesional en el Circuito Europeo.
Davis, no obstante, se ha comportado a la altura de las circunstancias sobre un campo difícil y cansado que podía haber triturado sus esperanzas a poco que hubiera fallado empujado por la presión de verse a las puertas de un primer triunfo acicalado de tradición y raigambre.
El inglés supera así una fase vital muy complicada en su vida después de fallar cinco cortes en los seis primeros torneos de 1998 y sufrir luego una varicela viajando desde Suráfrica a Inglaterra que le produjo a renglón seguido unos coágulos en la sangre que le obligaron a ser internado en Dubai, donde pretendía recuperar su nivel competitivo, y que le mantuvieron en muy grave condición física y con su golf a la baja durante muchos meses.
Davis, de 26 años y con fama de maleducado entre sus colegas, se mantuvo, de vuelta a su mejor forma, durante todo el día de hoy en un gran nivel de juego e hizo lo que se supone que debe hacer un hombre que quiere ganar a pesar del empuje de los de atrás, más curtidos y bragados en triunfos y veteranía, para completar su triunfo y embolsarse 166.600 del millón de euros que repartió el torneo en premios.
Davis aumentó paulatinamente su ventaja con tres "birdies" en los primeros seis hoyos, se afianzó en su posición de líder y luego compensó otros dos "birdies" con dos "bogeys" para firmar c, catorce abajo, tres golpes menos que el austriaco Markus Brier, a cuatro de distancia del argentino Eduardo Romero y el inglés Peter Baker, y a cinco del máximo favorito al título, el escocés Colin Montgomerie.
Brier, otro desconocido representante de un país en vías de desarrollo golfístico, en el que sólo existen cincuenta mil licencias federativas y once jugadores profesionales -ocho hombres y tres mujeres-, también vivió esta semana su cuento de hadas particular e incluso llegó a vislumbrar la posibilidad de lograr su primer triunfo en el Circuito Europeo.
Peter Baker no tenía opción a la victoria, pero se situó por las alturas gracias a una última magnífica tarjeta de 64 golpes, ocho bajo par, que supone un nuevo récord del campo del PGA Golf de Cataluña, mientras que dos ilustres del "tour" europeo, el argentino Eduardo Romero, campeón del Abierto de España en 1991, y el escocés Colin Montgomerie, campeón en los últimos siete años de la Orden de Mérito Europea y primer jugador en la escala de favoritismo al triunfo en este Abierto de España, lo intentaron y no pudieron por culpa del inesperado buen hacer de Davis, no consintió que sus más peligroso rivales le privaran de su primera gran oportunidad de destacar.