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"Insisto: el Miró tiene que crecer"

Se fallaron los Miró. Dos muy queridos escritores a los que considero amigos, a pesar de las distancias, Ariel Barría (cuento) y Javier Alvarado (poesía), ...


Se fallaron los Miró. Dos muy queridos escritores a los que considero amigos, a pesar de las distancias, Ariel Barría (cuento) y Javier Alvarado (poesía), han resultado ganadores. Al resto no los conozco personalmente pero, como mis amigos, merecen toda mi alegría y la promesa de leer sus trabajos. Hasta aquí todo bien.

Como decía ayer, exactamente el 16 de noviembre del 2014, y por este mismo medio, hay que cambiar el Miró. Escribí "Ideas para un nuevo Miró" que, como la mayoría de lo que se escribe, no se lee. Y no lo digo con amargura. El asunto aquí es que seguimos gastando dinero en un concurso que es sólo dotación económica y punto. Ni difusión, ni proyección de los autores, olvido pasados los fastos?

Dije: "Primero, menos dotación y más difusión. ¿Por qué no llevar a los ganadores del Miró de gira por un país centroamericano, otro sudamericano y a España? ¿Cuánto cuesta eso y qué impacto tendría en nuestros autores? Si pactamos con editoriales locales en esos países y los agregados culturales trabajaran más, conseguiríamos difundir las obras por toda América y tener una presencia de más peso en Europa vía Madrid. Se trata de trabajar más y mejor, todos, las instituciones y los autores. Hagamos Galas del Miró en las embajadas panameñas allá donde las tengamos, llevemos allí a nuestros escritores".

Luego escribí otro artículo a cuenta del cambio de las bases del Miró, "Las nuevas bases" (15 de marzo de 2015), en el cual dije, y sostengo, que esos cambios cosméticos son sólo un gesto. Dije: "Las bases son un buen inicio y están para ceñirse a ellas. Ya no vale presentarse al Premio y luego quejarse del mismo. Pero queda mucho por mejorar. En este punto recomiendo lo que hizo Juan Marsé en 2005 con el Premio Planeta, participes o seas jurado: si no te gusta, déjalo, si te parece mal algún aspecto, denúncialo, dilo en público. En su recién publicada biografía, se dan las claves de este asunto que resolvió con aplomo el escritor, con consecuencias, claro, no se perdonan ciertos desplantes, pero la narrativa de Marsé le salva de todo eso. Y en esto último meditemos: rigor literario".

Insisto: si no hacemos crecer el Miró, no pasaremos de ser unos nuevos ricos con un pretendido prestigio que en realidad solo se mide por lo largo de la cifra, no por lo profundo de la calidad. No digo de los escritores (que también), que siempre aspiramos a mejorar (muchos), sino las instituciones que miran para otro lado, que les pones delante estos artículos u otros y se hacen los desentendidos. Este gobierno (las minúsculas son merecidas) está de espaldas a la cultura, total y conscientemente, no nos engañemos.

Paco Gómez Nadal puso el dedo en la llaga en un artículo muy comentado en las redes a cuenta de una metáfora con el bíblico Onán de por medio. Yo dije algo parecido en 2003, en una mesa redonda sobre crítica literaria a la que fui invitado a participar mientras me hallaba entre el público de la FIL. Lo dije, sí, y muchas caras de acuerdo hubo -y hay- otras de poco interés. Del artículo de Paco, me quedo con esto: "Un país que no provoca, alimenta, cuida y divulga su cultura es un país condenado a ser territorio para piratas, para colonizadores, para mediocres".

Insisto: si no hacemos nada por mejorar, empeoraremos. Parece una simpleza pero saben a qué me refiero. No estamos bien y si no cambiamos iremos a peor. En cultura es así, como en el resto de la vida: la pereza y el inmovilismo anquilosan la mente, generan malos hábitos, animan la mediocridad.

Insisto: algo tenemos que hacer, algo hemos de cambiar, tenemos que hacernos oír, con Onán o sin él, pero con firmeza, dándole duro en las espaldas al gobierno hasta que se dé la vuelta para ver el desastre.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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