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Internet: de paseo con el cuco


Hablábamos el domingo 20 de cómo Internet ha cambiado nuestras formas de buscar y acceder a información, desde aquellos años en que debíamos consultar varios volúmenes para lograr un dato fehaciente, hasta el modo en que hoy se obtiene esa misma información con un solo clic. Generaciones híbridas y cibergeneraciones, llamábamos a esos dos mundos que conviven en el presente espacio; las primeras, surgieron en uno y se adaptaron al otro; las segundas crecieron con las nuevas tecnologías.

Las ventajas y desventajas de ambas condiciones apenas se están escribiendo por estos días, aseguraba, y no será hasta dentro de un par de años cuando podremos asegurar si Internet es maná del cielo, o el temible “cuco”. En lo personal, decía, trato de disfrutar el paseo por ese océano virtual, como se denomina a la red.

Y, ciertamente, mucho de bueno se extrae de esas aguas. Leyendo la columna de mi hermano de tinta, Héctor Collado, el domingo 13, me enteré de su afición por los almanaques. Él es de esa generación híbrida de la que hablaba antes y supo cuánto uno disfrutaba sintiendo, a principio de año, que tenía tanta información resumida en un libro no tan gordo, con el que podíamos ir a dar una vuelta placentera. Comparto con él una deuda de gratitud con el almanaque “Escuela para todos”.

 

La primera vez que vi ese libro fue en 1966, en Las Lajas, en manos de mi abuelo paterno, lector voraz. Por orden de precedencia, le tocó a mi padre continuar con su lectura, y después a mis primos mayores, hasta que llegó a mis manos. Lo leí en una tarde, bajo la sombra de un toronjo; más bien: me bebí las figuras, porque apenas iba a primer grado, pero –cancaneo aparte– mucho le pude sacar al tomito. Desde entonces, he leído cada ejemplar hasta el de este año, que adquirí en Carnavales, en una tienda del camino, en Santiago. Su última página me deparaba una sorpresa, que comparto con Héctor y con ustedes: ya se pueden ver todos los números del almanaque en Internet, en formato pdf, en la dirección www.almanaqueept.org.

Aún no me reponía de semejante alegría, cuando recibo un correo, ahora no recuerdo si de Richard Books o del profesor Ricardo Ríos, en el que nos informaba de la apertura de un sitio inigualable: la Biblioteca Digital Mundial, patrocinada por la Unesco, y disponible en el sitio www.wdl.org. ¡Qué regalazo! Acceso inmediato a temas y documentos culturales de todo el mundo, que en otras circunstancias hubiesen requerido una vida para reunirlos.

A propósito de regalos: he compartido presentes con otro hermano de tinta y de tierra, Joaquín González, practicante de diversos y nobles oficios, todos relacionados con el buen hacer y el buen decir cultural; entre estos, recuerdo un fabuloso compendio de muestras pictóricas panameñas, o algunas piezas selectas de la música criolla y universal, pero sobre todo una ventana al interior mismo de la Capilla Sixtina (www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr) o un boleto gratuito a un vastísimo museo virtual (www.mystudios.com), y –¿cómo no decirlo?– a esa inigualable página de Milagros Sánchez Pinzón, hermosa andariega coterránea que en un vistazo nos acerca a los más sorprendentes vericuetos del suelo panameño en www.elchiricano.com.

 

Retomo el punto inicial, aún es muy temprano para decir si Internet es el temido cuco, o el mar en el que terminaremos ahogados; lo cierto es que, mientras podamos saber lo necesario para decidirlo, suelo sacar un tiempo entre los afanes para irme de paseo por sus dominios, y de veras que lo disfruto.

Que la palabra te acompañe.


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666378
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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