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Inventario de miedos y silencios

En numerosos ámbitos de la vida nacional prevalece el código del silencio. Lo que se creía una cultura practicada exclusivamente por la gente del submundo se ha


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

En numerosos ámbitos de la vida nacional prevalece el código del silencio. Lo que se creía una cultura practicada exclusivamente por la gente del submundo se ha ido expandiendo en círculos como el transporte, la educación, los servicios públicos, las relaciones comerciales, en el seno de la familia y en las relaciones laborales.

El panameño, que se le conoce más por la intensidad de su talante, calla cuando necesariamente debería hablar más. Con el transporte, acepta que abusen de él en el pago de las tarifas por la necesidad de llegar a casa. Igual sucede con la compra de billetes de lotería, necesidad que muchos se han impuesto, y provocan con ello el abuso de los vendedores que en la capital los obligan a comprarlos matrimoniados, con rifas o con one two, mientras que lejos de los centros urbanos se tiene que pagar una especie de impuesto extra.

La proclividad a guardar silencio y aceptar como bueno lo que no lo es llega hasta la atención que nos merecemos como clientes y usuarios. Muchos prefieren ser “amables” con ciertos dependientes y funcionarios para no tener que someterse a humillaciones y maltratos, con lo que niegan su derecho a recibir un buen servicio.

Por último podemos citar aquellos casos que son muy comunes en el sistema educativo, tanto oficial como particular, en donde los acudientes y los estudiantes se abstienen de enfrentar a los docentes y presentar reclamos por temor a represalias. Así, algunos maestros, profesores y hasta directores pisotean derechos de los alumnos aupados en la miserable teoría de que ellos son la piedra y el estudiantado es el huevo. Aunque hay muchos otros ejemplos, este silencio es quizá el más canalla de todos porque compromete el futuro de los estudiantes y, en consecuencia, del país.

Se preguntarán ustedes a qué viene todo este inventario de miedos y silencios. Es una manera de alertarlos porque muchos, quizá de manera inconsciente, han caído en una técnica de manipulación que se resume en hacer que aceptemos -como dolorosa y necesaria- una decisión impopular o una conducta impropia, porque no queda de otra.

Así, sin darnos cuenta, nos vamos acostumbrando a que lo malo no es tan malo y que “todo irá mejorar mañana”. Pues les tengo una noticia: mañana será igual y pasado, peor; así que no se acostumbre a callar cuando debe hablar.


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916775
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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