Por estos días un grupo importante de dueños de caballos y algunos entrenadores estarán en Estados Unidos para participar de la subasta en Keeneland, Kentucky.
Este entusiasmo es producto de la aprobación por parte del Gobierno, a través de la Asamblea Nacional, de una importante suma de dinero que servirá para engrosar la bolsa de premios, a partir de enero del próximo año.
Se informó que este aporte está cifrado en 3 millones de dólares los cuales, en su mayoría, serán destinados a los premios de las carreras regulares. Las proyecciones son halagüeñas en cuanto al incremento que se dará en los premios de todas las categorías.
Lo cierto es que el incremento en la bolsa de premios representa la palanca que se necesitaba para impulsar el ánimo de los dueños de caballos, quienes salieron raudos a la pesca de nuevos protagonistas.
Aplaudimos la iniciativa porque ha llegado en el momento ideal. Justo cuando el espectáculo languidece por falta de mejores artistas.
Más adelante, también esperamos un desprendimiento de igual calibre por parte de la empresa operadora del hipódromo que no puede depender del subsidio oficial (porque a fin de cuentas este estímulo gubernamental representa un subsidio) a la operación que, a estas alturas, debiera estar en condiciones de autogestionar sus riquezas y distribuirlas entre los dueños de caballos, que es para lo que se le otorgó la concesión.
Ese es un tema que podemos abordar más adelante, lo importante ahora es que hay esperanzas de que las cartillas hípicas en los próximos meses se verán enriquecidas con mejores equinos.
Nos queda esperar a ver cuántos ejemplares nos traerán los inversionistas nacionales, cuyo entusiasmo y heroísmo aplaudimos y esperamos sean bien recompensados.