El domingo pasado esbozamos los perfiles del Premio Rogelio Sinán, que cada año, desde 1996, convoca la Universidad Tecnológica de Panamá en tres de los géneros que cultivó Bernardo Domínguez Alba (1902-1994): cuento, novela y poesía, y dirigido a los escritores de toda América Central.
Celebramos, remedando los conceptos deportivos, el hecho de haber desempatado con Centroamérica en el medallero del torneo, pues luego de mantener un equilibrado siete a siete, el poeta Javier Alvarado (Santiago de Veraguas, 1982) obtuvo el galardón este año, con un libro de poesías del que hasta ahora solo conocemos el nombre: “Balada sin ovejas para un pastor de huesos”, y el seudónimo: Hatsumarati.
En esta ocasión, el jurado estuvo compuesto por las escritoras panameñas Emma Gómez y Eyra Harbar, y por el mexicano Luis Armenta Malpica. El poeta, narrador y dramaturgo salvadoreño George Alexander Portillo (1973), a quien se le conoce también como Jorge Galán, mereció una mención de honor, por su poemario “El ruido en el otoño”. Portillo es un escritor ya señalado en el ámbito centroamericano, donde ha obtenido premios como poeta, cuentista, novelista y autor de obras de teatro infantil.
De acuerdo con el fallo, en la obra de Javier es encomiable la manera en que “dialoga con la poesía inscrita en el neobarroco con un manejo acertado de la intertextualidad”, dándonos indicios de que el poeta ha empleado, con acierto, las herramientas poéticas de épocas distintas para plasmarlas en su obra. Experiencia no le falta para ese manejo: en 2010 fue finalista nada menos que en Casa de las Américas, con “Carta natal al país de los locos”, aparte de que tiene en su portafolios los premios Gustavo Batista Cedeño, el premio nacional Pablo Neruda 2004, y el de los Juegos Florales Centroamericanos 2010, solo por mencionar algunos, así como varios libros bien comentados, el primero de ellos publicado antes de cumplir 20 años.
Conozco a Javier y su obra no solo por ser un poeta reconocido, sino por las jornadas compartidas en el Diplomado de Creación Literaria al cual asistió hace unos cuantos años. Hoy, en homenaje a su triunfo, copio estos párrafos que hice públicos en junio de 2002, cuando apareció su segundo libro, “Caminos errabundos y otras ciudades”:
“Sin que llegue a desvanecerse su voz, encontramos entre los versos de Javier Alvarado los trasluces de la poesía española, reviviendo en sus formas y contenidos: ‘Estoy muy viejo ya y no me he muerto;/ he sido todo entero para ti, mi cosecha de vida en el espejo’. Con cada línea, la Muerte como tema, como leitmotiv, va dando paso a la indagación: ‘Levanto la tumba y me responde un viejo Dios con barbas/ de tiempo’, enfrentándonos a la plena convicción del poeta: ‘Los años me irán atacando,/ pero perderán su guerra./ Volveré a ser joven,/ cuando me confunda con la tierra’. También la introspección encuentra su paso en este libro: ‘He sido un poeta,/ lo recuerdo y el corazón me tiembla’.
Quien conoce personalmente a Javier Alvarado puede dar fe de que sus versos no son una pose, pues los sustenta con un permanente análisis de su entorno, rindiendo los debidos honores a los que marcaron el camino por el que avanza, buscando aprender de ellos con genuina devoción, tal como lo confiesa: ‘Oigo los cantos ajenos y rompo los mundos místicos/ que emanan de las cuevas…’ Saludamos, complacidos, a este joven valor nacional, quien va trazando nuestros caminos futuros con su paso de poeta”.
Hoy reiteramos esa salutación de ayer, poeta, con renovado orgullo.