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Jinetes cabalgan en sueño peligroso, pero millonario

El primer martes de cada diciembre comienzan a tejerse nuevas historias en el hipódromo. Año tras año, un grupo que oscila entre diez y doce mozalbetes


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

El primer martes de cada diciembre comienzan a tejerse nuevas historias en el hipódromo. Año tras año, un grupo que oscila entre diez y doce mozalbetes se viste por primera vez con atuendo de manos de seda y recibe la certificación que los acredita como “jockeys”.

El momento cumbre llega la tarde del Día de la Madre, cuando por tradición se programa su estreno en carreras oficiales y desde allí comienza, para algunos, un camino de gloria, fama, prosperidad y fortuna. Para otros, la pendiente se convierte en un obstáculo intratable y no suben la loma. Hípicamente hablando, se quedan en la gatera.

Son conocidas las historias de jóvenes como Manuel Icaza, Braulio Baeza, Jorge Velásquez y, por supuesto, Laffit Pincay Jr., el más grande de todos, que decidieron que su vida andaría a caballo y se encargaron de esculpir esa imagen que, eventualmente, nos hizo merecedores del crédito internacional como la “Cuna de los mejores jinetes del mundo”.

En tiempos recientes tomaron la posta y siguieron el relevo Alexis Solís, Cornelio Velásquez, José Lezcano, Elvis Trujillo y Luis Sáez, entre otros, que ya no solo obtienen recursos para su beneficio, sino que invierten en el país y contribuyen con el envío constante de remezas.

Cuantificar la cantidad de jinetes panameños que montan en los más de cien hipódromos que hay en EE.UU. es harto difícil. Pero, una mirada a vuelo de pájaro, nos hace percibir que pueden frisar los 200 o más. Incluso, algunos figuran permanentemente entre los cien mejores, tanto en dinero como en carreras ganadas.

Los tiempos han ido cambiando y, obviamente, los panameños no monopolizan los hipódromos y las carreras como ocurría antes. En los últimos tres lustros se han sumado látigos de Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y hasta de México, que se han abierto un espacio importante en la industria hípica.

Con esa evolución, Panamá dio los pasos pertinentes y la antigua escuela de jinetes trascendió a una escuela vocacional reconocida por el Ministerio de Educación bajo el título de “Centro de Formación de Jinetes Laffit Pincay Jr.”.

La intención, a parte del aspecto formal, pretendió dotar a los estudiantes de los conocimientos básicos de las asignaturas convencionales que les sirvan como cimientos para tomar otra vía, si no pudieran encontrar el éxito en la profesión que acogieron con ilusión, pero que los dejó a medio camino por falta de vocación o por ser incapaces de cumplir con los rigores de mantener un peso corporal adecuado y un régimen alimenticio y disciplinario tan exigente.

Hace una semana se cumplió el primer bimestre desde que se estrenaron los nuevos látigos. Al menos dos o tres de ellos han comenzado a descollar y, seguramente, esperan ofertas para alzar vuelo como lo hacen varios todos los años. El talento existe y las oportunidades también, la diferencia la hacen el empeño, la disciplina y el entusiasmo.

Los que llegan lejos son aquellos que siguen soñando con la misma intensidad con la que asistieron a las clases y recibieron su diploma en diciembre; el resto o se quedará en la gatera o se caerá a mitad de camino, porque montar caballos de carreras no es fácil, y mantenerse sobre ellos tampoco.


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863316
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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