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Joppy será más difícil para Trinidad de lo que se piensa


Es el "patito feo" en la cuadra de campeones de Don King, que casi nunca se ocupa de él, pagándole bolsas irrisorias, aunque de vez en cuando, por aquello de darle un baño de motivación, lo llama, sólo de la boca para afuera, uno de los monarcas más habilidosos de la actualidad, pero es uno que como quiera tampoco recibe mucha prenda de la prensa, que sabe de sus dotes técnicos y se deja llevar más por su personalidad insulsa y sumisa.
Ahora, a la espera de un 5 de mayo que le resultará millonario por primera vez en su carrera de más de ocho años, William Joppy, 32-1-1 (24), rey mediano de la AMB, tiene la difícil encomienda de exponer la faja ante Tito Trinidad, 39-0 (32), dueño de dos cinturones de las 154 libras, sabiendo que la mayoría de los expertos le vaticina un calvario por la supuesta superioridad del boricua, que en cuestión de 14 meses estaría probando fortuna en dos categorías superiores a la welter, en donde reinó con mano férrea por largo tiempo.
Joppy, nacido el 11 de septiembre de 1970, callado, con un rostro anguloso, resaltándose unos pómulos salientes y una mirada triste, de carácter taciturno, y un hablar pausado y cansado, que le hace coleccionar menos admiradores, no es, sin embargo, un flan de vainilla para Tito, que acabó de consagrarse en su última reyerta al cortarle las alas invictas a Fernando Vargas, tumbándole en cinco ocasiones y recetándole KOT en el round 12, demostrando su estámina, fuerte pegada y enjundia.
Ahora bien, no es lo mismo sentirse tragahombres, con la ganancia de libras, que serlo, y Joppy, quiérase o no, es un medio natural desde que debutó en el campo amateur, ya tardíamente, con 20 primaveras, y cosechando 48 triunfos y cuatro reveses, fracasando en la fase clasificatoria para las Olimpiadas de Barcelona frente a Chris Byrd, teniendo que saltar al profesionalismo en febrero de 1993, eslabonando una cadena de 19 éxitos por la vía rápida hasta que empató con Rodney Toney, en Las Vegas, en 1995, en un pleito valedero por el fajín de Norte América.
En junio de 1996, empero, fue a Tokio y le arrebató la diadema a Shinji Takehara, en nueve capítulos, perdiéndola en un controversial fallo con Julio César Green, en su tercera defensa, en el Madison Square Garden, en Nueva York, fracturándose un par de nudillos de su mano derecha en el quinto episodio, habiendo visitado la lona en el segundo, por primera y única vez en su carrera, pero depositando dos veces al dominicano en el siguiente, y finalizando la contienda a puros izquierdazos, sin poder utilizar su diestra con potencia.
En una revancha directa, Joppy, manejado por Steve Nelson y Stan Hoffman, que bailan al ritmo musical que les impone King, recuperó la corona por decisión unánime, y apabulló a Green en siete giros en su tercera confrontación a mediados de 1999, año en el cual sufrió un aparatoso accidente automovilístico, en enero, mientras iba del gimnasio a su residencia, quebrándose la séptima vértebra del cuello y temiéndose un daño mayor en su espinazo, pero volvió a la carga con resultados favorables y Trinidad en mente, ya que en todos los corrillos pugilísticos se habla, repito, de su alegada inferioridad y de su "vejez prematura", como si durmiera en una funeraria o fuese una tumba ambulante.
Joppy, ciertamente, aparenta ser un escalón más en la búsqueda de Tito y de su padre de una batalla con Roy Jones, Jr., en un peso menor al que reina éste, y que serviría, sin importar el resultado, como su adiós definitivo del cuadrilátero, rodeado de fama, de salud y con mucha plata en los bancos.
La posible víctima, claro, piensa lo contrario, alimentando su optimismo con un plan de combate parecido al de Oscar de la Hoya, de mucha movilidad por laterales, un jab en punta, continuos agarres y sorpresivos derechazos en contraataques, amén de cambiar su guardia en algunos momentos, ya que él también sabe pelear del lado prohibido.
Por el momento, Joppy, que venció a tres desafiantes en el 2000, está visualizando correctamente su choque con Trinidad, que con su estilo agresivo y frontal, tiene cierta dificultad de disparo cuando le evaden, amén de que recibió mucho castigo frente a Vargas, y nadie sabe cómo reaccionarán sus reflejos en otra escalada divisional, que obedece más a un plan comercial, un tanto caprichoso, que a una necesidad corporal.
Quede claro, pues, que no estoy vaticinando que Tito perderá, sino que Joppy no es un cadáver con guantes o un fantasma recién nacido, ya que sus mayores fortalezas son su aire de debilidad y su cara de tonto útil...


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América