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Jordan se instala en el recuerdo como uno de los mejores de la historia


La capacidad del deporte para sobrevivir a la retirada de sus mitos resulta proverbial, pero el adiós de Michael Jordan atizóen la NBA y en los aficionados al baloncesto el vértigo ante el vacíode un futuro sin el mejor jugador de la historia.
Cuando, el pasado miércoles, Jordan echó el telón a 13 años de vuelos, acrobacias y encestes impensables, se retiraba también el primer deportista de alcance planetario en la era de la información y la economía globales: un fenómeno social y una máquina de hacer dinero que consolidó a la NBA como una millonaria multinacional del espectáculo.
La estrella de los Chicago Bulls fue el mejor anzuelo del baloncesto para captar la atención de niños y adultos de todo el mundo, seguidores o no del baloncesto, deslumbrados al presenciar los vuelos estratosféricos hacia la canasta de "Air" Jordan.
Su porfía histórica contra las leyes de la gravedad es consecuencia de un físico prodigioso, de un atleta superdotado que constituye el biotipo del baloncestista perfecto: 1,98 metros de altura, 90 kilos de peso, musculoso y fibroso, potente, rápido, resistente y con un salto incomparable. Todo eso, multiplicado por toneladas de talento.
Pero, a un mes de cumplir 36 años, en el apogeo de su carrera y con sus facultades físicas casi intactas, Jordan colgó las botas, anegó de nostalgia elánimo de los fanáticos del baloncesto y se instaló en el imaginariocolectivo de una sociedad que, en este final de siglo, ha mitificado a los héroes del deporte.
Con aplomo y risueño al comienzo, después conmovido y mordisqueando su labio inferior para reprimir los accesos de emoción, con su esposa al lado -Juanita, de origen hispano-, Michael explicó en la conferencia de prensa de despedida que carecía de la motivación de siempre: "Mentalmente, estoy agotado". No se puede le reprochar a quien, en sus 13 temporadas en la NBA, ganó seisveces el campeonato, fue elegido mejor jugador en cinco ocasiones y anotó 29.277 puntos, con la media por partido (31,5) más alta de la historia de la liga. Además, posee dos medallas de oro olímpicas (en los juegos de Los Angeles84 y Barcelona 92).
Eso habría sido imposible sin un espíritu ganador y un ansia de triunfos voraz, pero, sobre todo, sin una condición psicológica superior, capaz de soportar la presión de su apellido para que nunca le temblara la mano.
Por ejemplo, ganaron sus Bulls 26 partidos con un lanzamiento suyo en los últimos segundos.
Con el último de ellos, sentenció en junio el pasado campeonato. Su equipo perdía por uno y la pelota era de los Utah Jazz; Michael roba el balón a un rival, avanza, frena en seco a cinco metros del aro, lanza -sólo restan cinco segundos para el final-... y encesta. Un último fotograma memorable para la mejor película de la historia del baloncesto.
El protagonista fue un jugador que con el transcurso de los años llegó a dominar todas las facetas del juego: defendía (elegido 9 veces en el mejor equipo defensivo de la NBA), pasaba, reboteaba, taponaba y lanzaba desde lejos. El, un escolta, pulverizó el añejo axioma de que los pívots son los elementos determinantes en este deporte.
De familia humilde, este neoyorquino de Brooklyn nieto de un aparcero devino también un hombre-industria que, desde que comenzó su carrera profesional en 1984, generó 10.000 millones de dólares a la economía estadounidense, según calculó el pasado año la revista financiera Fortune. Jordan se ha enriquecido de forma extraordinaria -su sueldo de la temporadapasada, una fuente menor de sus ingresos, fue de 34 millones dedólares-, pero en igual medida ha hecho millonarios a otros.
Sobre todo, a la NBA y a la empresa de ropa y calzado deportivo Nike, que le patrocinó desde sus comienzos con un contrato millonario (visto con la perspectiva de los años, ¿quién patrocina a quién?) y que el miércoles se apresuró a aclarar que Jordan sigue ligado a la marca. Privada del tirón de su máximo astro, la inquietud de la NBA es comprensible, pues teme que la ausencia de Jordan merme los 2.000 millones de dólares al año de ganancias. Mientras, la maquinaria que lleva su nombre seguirá escupiendo dinero, casi por inercia. Los ingresos anuales por publicidad ascienden a unos 50millones de dólares. Además de los réditos que le procuran los productos de Nike, Michael posee un restaurante en Chicago y una marca de cosméticos, de nombre "Jordan".
En medio de tal abundancia, podrá disfrutar de su jubilación. Desea repartir el tiempo entre el golf y su familia. Su desafío ahora, comentó en su despedida, es educar a sus tres hijos.
Nadie duda de que lo superará, pues siempre proyectó una imagen de amante padre y esposo. Por eso, además de por sus hazañas deportivas, significó un modelo social para todos los públicos, un paradigma de conducta limpia e intachable. Educado, cordial, simpático y guapo. Sólo aquellos 18 meses que mediaron entre octubre de 1993, poco después del asesinato de su padre, y marzo de 1995 turbaron al héroe y generaron resquemores. La tragedia familiar, los rumores sobre su afición al juego y las apuestas... Jordan se retiró del baloncesto.
Jugó en al béisbol en una liga de segunda categoría. Pero regresó un buen día, y lo anunció a los medios con un lacónico fax: "He vuelto". De entonces acá, tres títulos de la NBA y una exhibición de sabiduría, inteligencia y control del juego fruto de su madurez.
Qué fugaces se antojan ahora estos años. Jordan se va, y el propio presidente Bill Clinton rindió tributo a ese icono nacional, en un país tan proclive a la mitomanía deportiva: "En toda mi vida, no he visto un atleta tan completo en cuerpo, corazón y mente". "Lo admiramos, lo queremos mucho y le agradecemos mucho los años de deslumbrantes hazañas".
Pero el paradigma de la fascinación que Jordan suscitó sigue siendo la ocurrencia de otra leyenda de la NBA, Larry Bird, tras un partido contra los Bulls, en el que Jordan firmó 63 puntos y una actuación fabulosa: "Hoy he visto a Dios disfrazado de Michael Jordan".






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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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