Deportes

José Franco, tigre patiblanco

Algunas personas sienten la lluvia. Otras solamente se mojan Bob Marley Hace más de medio siglo que soy amigo de José Franco. Parece tiempo


Algunas personas sienten la lluvia. Otras solamente se mojan Bob Marley

Hace más de medio siglo que soy amigo de José Franco. Parece tiempo suficiente para calibrar su calidad humana.

No he conocido a nadie que ame tanto a su patria como José Franco. La ama, la sufre, le canta, la vive y, llegado el momento, seguro moriría por ella. Bueno, ya no, ya se fueron los gringos. Pero se llevará una buena tajada de patria cuando se vaya.

El pudor prohibe relatar lo más chispeante de nuestra desaforada juventud. Cuando nos alumbraba el pequeño candelabro de los ideales, cantábamos La Internacional con César y Mario, levitando por la Avenida Central. Entonces teníamos la paciencia heroica de escuchar a Fidel por tres horas seguidas. En el fondo era rebeldía pura. Aunque todavía nos seduce El Manifiesto Comunista, a ambos nos llegó el momento de barrer, deshollinar y soplar las telerañas de los dogmas de nuestros cerebros (fueran de izquierda, derecha, centro, arriba, abajo, religiosos, agnósticos, abisinios o chitreanos), dejando sobre nuestro manchado mantel únicamente la alegría de vivir. Sin lugar a dudas, José Franco es hoy iconoclasta y anarquista. Yo me uno. Sabemos que además de comer, respirar, rascarse, hacer pupú y reír, necesitamos libertad de pensamiento.

Sus versos de bienmesabe, flechas, estrellas, totumas, oro, ríos y tambores, se nos pegan en el alma: La patria es una perla, una conducta azul, un lecho en vano herido... Los poemas de José son postres para el alma. Se devoran con deleite. De Sollozos Anónimos: He vuelto a llenar mi corazón de días sencillos...

La poesía de Franco, heredera de Manrique, Góngora, y sobre todo de Quevedo, es afirmación de tiempos nuevos, de esperanzas en el hombre; sin ahorrar críticas contundentes, su metáfora asombra, y cuando recurre a la rima encanta y seduce.

El Poeta Franco es un dedo de la mano derecha con que cuento a mis amigos. De seguro a él no le alcanzan las manos para contar los suyos. Y es que José está tocado con el don de la amistad profunda. Con el poeta compartí cosas mágicas, como pintas de sangre, discusiones con envidiosos, noches de tango y declamación, y una que otra alegre amiga con corazón de condominio.

Aprovecho esta columna para alzar una vez más la copa, José, esta vez brindemos con el licor que nunca se evapora: la amistad imperecedera.


fecha edicion
old id
919733
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América