Lágrimas de alegría y de dolor corrieron por muchas mejillas en una dramática noche de semifinales vivida en el PGE Park de Portland (Oregón). Las dulces estadounidenses, anfitrionas y favoritas, cayeron estrepitosamente frente a una tenaz Alemania por 0-3, y prácticamente pudo oírse el ruido de jóvenes corazones rompiéndose por todo el país. Casi tan audible fue el sonido de los sueños de Canadá derrumbándose bajo el peso de una meritoria remontada de la hábil Suecia (2-1).
La reina del fútbol femenino, la legendaria Mia Hamm, se quedó sobre el campo al término de una primera semifinal muy reñida, abrazando a su entrenadora entre lágrimas, y consciente de que su adiós al mayor torneo del mundo estará marcado para siempre por esta derrota.
Para ella y sus veteranas compañeras del mediocampo Kristine Lilly y Julie Foudy, esto supone el fin de una época, y un cierre bastante triste a una de las mayores historias deportivas de Estados Unidos.
En la anterior edición, después de años de duro esfuerzo y de cosechar triunfos en una relativa oscuridad, hicieron que su país se pusiese en pie al derrotar a China en los lanzamientos penales y conquistar su segunda Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA.
Las anfitrionas, quizás un paso demasiado lejos en el nuevo siglo, se encontraron por primera vez con un equipo al que no pudieron ningunear como habían hecho con tantos adversarios en Estados Unidos 2003, y tuvieron que lamentar las numerosas oportunidades falladas y su falta de creatividad en la línea medular.
Ahora Alemania deberán superar a una Suecia en forma y que llega sin hacer ruido a una final con sabor europeo, reedición de la vivida hace dos años en el Campeonato Femenino de la UEFA.
Suecia para llegar a la final tuvo que vencer 2-1 a Canadá. Los tantos de las europeas fueron marcados por Malin Moström y Josefine Oeqvist
La final se disputará el 12 de octubre en Carson California.